martes, 31 de mayo de 2011

No tener amigos es tan malo para la salud como fumar 15 cigarrillos al día


No tener amigos es tan malo para la salud como fumar 15 cigarrillos al día según un estudio publicado en la revista PLos Medicine.

Aunque el titulo llama la atención es el resultado de una investigación. Que fumar es un hábito nocivo y peligroso lo sabemos. Ahora que no tener amigos sea tan dañino para la la salud como fumar 15 cigarrillos al día es algo sorprendente.

Tener una relaciones personales sólidas es importante para llevar una vida saludable, tanto como:

  • Perder peso
  • Dejar de fumar
  • Hacer ejercicio

Julianne Holt-Lunstand una de las coautoras de la investigación junto con sus colegas de la Universidad de Brigham Young en Utah se basaron  en datos procedentes de 150 estudios sobre el riesto de mortalidad y las redes sociales. El estudio incluyo el seguimiento de unas 300.000 personas durante unos 7 años.

Julianne Holt-Lunstand y sus colegas el tener bajos niveles de interacción social es más perjudicial que no hacer ejercicio, ser alcohólico y dos veces más peligrosos que la obesidad. Aún más sorprendente es que las relaciones sociales tienen un impacto mayor sobre la mortalidad prematura que a la contaminación ambiental
Julianne Holt Lunstad:

No quiero minimizar otros factores de riesgo que también son muy importantes, las relaciones personales han de formar parte de la vida como una factor importante para la salud.

Timothy Smith académico de la Universidad de Utah coautor del estudio cuenta que

Estamos diseñados para vivir y trabajar en grupos:

  • Comenzamos en nuestra familia
  • En la guardería o el colegio
  • En la Universidad
  • En la empresa
  • El aislamiento por el contrario se relaciona con enfermedades mentales, mala salud y ansiedad.

Así que cada vez que creas lazos de amistad, amplías tus relaciones sociales o te preocupas por tus amigos estás contribuyendo a tu bienestar.

Si tienes ideas o sugerencias puedes dejar tu comentario, gracias.

Fuente | muy interesante

jueves, 26 de mayo de 2011

El enigma de la bondad

ELVIRA LINDO
El enigma de la bondad


Escribir es bueno. Habría que ver cómo estaríamos algunos de la cabeza si no escribiéramos. Cuántas neurosis se desatarían, cuánta actividad mental iría destinada tan solo a manías compulsivas. Escribir es bueno. Aún recuerdo aquellos días en que, aconsejado por ese sabio que fue el doctor Lozano, mi suegro Paco, que andaba con la memoria un poco perdida, fue recuperando fuelle mental escribiendo un diario del que secretamente yo le iba robando páginas. Cuando murió, saqué las páginas de un cajón y se las di a su hijo, que las recibió asombrado, emocionado: "¿De dónde sale esto?". Yo sabía que el espíritu del hombre que no había escrito nunca, hasta aquel terapéutico diario, aparecería nítido entre las esforzadas frases que narraban un día cualquiera: he comido habichuelas, he bajado al perro, he ido dos veces a la plaza (mercado), no he visto casi la televisión. No hay demasiadas opiniones sobre la vida, solo hechos concretos, que nosotros sabemos interpretar con el recuerdo de su temperamento activo y obediente con las autoridades médicas. No ver demasiado la tele era el primer mandamiento del sabio Lozano. Escribir es bueno. Es bueno, fácil y barato, aumenta la capacidad de concentración y pone en marcha una actividad neuronal a las que mis amigos científicos sabrían ponerle nombre. Las neuronas hacen gimnasia con la escritura. Se podría decir que escribir es recomendable para la salud. Otra cosa es escribir con ambición literaria. Una amiga, que disfruta de una alta posición como economista, me decía que no descarta escribir en algún momento de su vida. Eso sí, me advertía, procuraré que no se transparente nada de mi vida privada en lo que escriba. Entonces, le dije, escribe un diario. Un diario cuyo fin último sea el cajón de tu escritorio. Para ser escritor no hace falta ser muy listo; de hecho, ahí están las palabras de la escritora americana Flannery O'Connor: "Hay un punto de estupidez sin el cual un escritor de ficción no puede arreglárselas y es la cualidad de tener que mirar fijamente, de no enterarse a la primera"; pero lo que jamás debe faltarle a un novelista es arrojo. Por qué no decirlo, valentía. De modo que aunque escribir esté al alcance de todo el mundo, no todo el mundo puede ser escritor. Tiene su riesgo. Más riesgo aún cuando el narrador se enfrenta a unas memorias. Muchas veces me he preguntado por qué este género ha sido tan poco frecuentado en España o por qué a menudo las memorias no suenan tan francas como deberían. No se me ocurre otra razón posible que la coacción social. Si hasta cuando se publica una novela intimista hay quien se atreve a tacharla de autobiográfica como si se tratara de una acusación lícita. Todo esto se me venía a la cabeza estos días, mientras leía las memorias del hispanista americano Thomas Mermall que acaba de publicar Pre-Textos. El inicio del libro es abrumador. Mermall fue el único niño judío de una amplia zona de Hungría que sobrevivió a la persecución nazi. Su madre, enferma, acabó sus días en Auschwitz, mientras su padre y él salían huyendo hacia el bosque y sobrevivían gracias a la bondad de un hombre que puso en peligro su vida y la de sus hijos para salvar a aquellos dos fugitivos. El libro recorre el siglo XX. De la huida de los nazis a la huida del comunismo, de Hungría a Chile, de Chile a Chicago, donde Thomas se hizo adulto y americano. La apertura sexual de los sesenta en la universidad, el amor por España, por la gente común y por la filosofía y la literatura en español. Lo más notable del libro es que entramos de lleno en una vida, sin que se nos cierre ninguna puerta, dejándonos convivir con esa familia de supervivientes (la madrastra sobrevivió a los campos) y observar cómo unos responden al trauma de manera mezquina, atesorando todo aquello que les fue negado, y otros practicando la generosidad de por vida. El padre del profesor Mermall, aquel hombre que salvó a su hijo de seis años escondido en el bosque y en un granero, escribió un diario que le compró Spielberg. Se publicó, pero el proyecto de hacer una película se vio frustrado. Ahora es el hijo quien reconstruye la aventura y quien la continúa en primera persona hasta el día de hoy en que se encuentra luchando contra un enemigo interior, el cáncer. No puede haber más honestidad en estas páginas. El espíritu apasionado de Mermall es contrario a las ideologías absolutas de las que fue víctima y favorable a empatizar con sus semejantes y disfrutar de la vida. El otro día, en la presentación que de su libro hizo en el Cervantes de Nueva York, Thomas reflexionaba sobre esa cosa rara que es la bondad. Tantas veces intentamos analizar a los criminales, a los seres que apestan la tierra, y qué pocas dedicamos el mismo esfuerzo a comprender qué puede llevar a un campesino a arriesgar su vida por un hombre y su hijo de seis años, a los que no conoce. Qué nos lleva a ser bondadosos hasta ese extremo y qué nos lleva a superar el dolor sin remordimiento y sin ánimo de venganza. Thomas Mermall ha llamado a sus memorias Semillas de gracia: son las que su madre sembró en él en solo seis años. Un amor que Thomas ha atesorado toda su vida de huérfano y de las que aún hoy, nos confesó, brota su inquebrantable deseo de vivir.

Fuente

viernes, 20 de mayo de 2011

El día del Psicólogo en México

En México el 20 de mayo se reconoce su labor. En la terapia le dicen doctor, en la escuela maestro y en la empresa licenciado, pero es sencillamente psicólogo.

Se estableció que el 20 de mayo sería el Día del Psicólogo como un reconocimiento a los profesionales de la psicología. Algunas fuentes mencionan que fue en la fecha que se otorgó la primera cédula profesional de psicología en México que es la licencia para ejercer dicha profesión y otras más que fue el día en que se implantó el primer programa de psicología en el país.
Fue instituido por la Federación Nacional de Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos en México, hace aproximadamente quince años. Logrando reconocer a todos aquellos profesionistas de la psicología y además difundir la profesión.

¿Qué es un psicólogo?
“Un psicólogo es aquel profesional especializado en un área determinada de la psicología (psico, del griego ψυχ?, alma o actividad mental, y -logía, -λογ?α, tratado, estudio o ciencia), que es la ciencia que estudia los procesos mentales en sus tres dimensiones: cognitiva (pensamiento), afectiva (emociones) y de comportamiento (conducta).” según Wikipedia La enciclopedia libre. Después de su formación universitaria debe de especializarse en un área específica, de acuerdo a su interés y capacidad para desarrollarse eficientemente.

Las salidas profesionales del psicólogo
Podemos encontrar la psicología clínica (que consiste en la consulta privada o en hospital), la psicología laboral (se lleva a cabo en una empresa, generalmente en el departamento de recursos humanos), la psicología pedagógica (que se realiza en las escuelas) y la psicología jurídica (donde se combina el derecho con la psicología).

Dentro de ésta última se encuentran la psicología aplicada al trabajo realizado en los tribunales, la psicología penitenciaria, la psicología de la delincuencia, la psicología judicial, la psicología policial y de las fuerzas armadas, la victimología y la mediación.

Se puede desarrollar también en el área de psicobiología y neurociencias. Existe la posibilidad de dedicarse al ámbito de la investigación en universidades o laboratorios privados. Y otras más serían la psicología del deporte, de la percepción y de la atención.

Festejos del Día del Psicólogo en México
En las universidades, asociaciones de psicología y colegios de psicólogos se organizan diversas actividades académicas para compartir con los colegas y mejorar su formación profesional.
Los ciclos de conferencias, los seminarios, los talleres, el psicodrama (representación teatral) y la entrega de reconocimientos son lo usual para festejar. Pero lo mejor es sentir la satisfacción de llevar con ética su profesión y escuchar a sus pacientes afirmar: "Él es mi psicólogo."

La conmemoración en los países latinoamericanos
El Día del Psicólogo se conmemora en distintas fechas en los países de Latinoamérica. En abril, se celebra en República Dominicana el día 6, en Cuba el 13 y en Perú el 30. El 22 de junio en Panamá. El 23 de julio en Guatemala. En Ecuador el 14 de agosto y en Brasil el 27. El 10 de octubre en El Salvador y el 13 en Argentina. Durante el mes de noviembre se celebra el día 12 en Chile, el 20 en Colombia y el 22 en Venezuela. Y en diciembre, el día 6 se festeja en Uruguay. En julio del 2002 durante el III Congreso Iberoamericano de Psicología, en Bogotá, se acordó la creación del Día del Psicólogo Iberoamericano. Siendo la fecha escogida el 26 de julio. Pero, independientemente del día elegido en cada lugar:

"¡Muchas felicidades! y gracias por dedicar su tiempo a nuestra sociedad."

Fuente: El Día del Psicólogo en México | Suite101.net 

miércoles, 18 de mayo de 2011

El síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo es una reacción psíquica en la cual la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía.

Debe su nombre a un hecho curioso sucedido en la ciudad de Estocolmo (Suecia). En 1973 se produjo un atraco en el banco Kreditbanken de la mencionada ciudad sueca. Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante 6 días. Cuatro personas —tres mujeres y un hombre— fueron tomadas como rehenes, pero una de las prisioneras se resistió al rescate y a testificar en contra de los captores. Otras versiones indican que esa mujer fue captada por un fotógrafo en el momento en que se besaba con uno de los delincuentes. Y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior.

El síndrome de Estocolmo puede parecer curioso a primera vista, pero tiene explicación. En la bibliografía sobre el tema, se mencionan varias posibles causas para tal comportamiento:

Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan. Los rehenes tratan de protegerse, en un contexto de situaciones que les resultan incontrolables, por lo que tratan de cumplir los deseos de sus captores.

Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito.
Con base en la historia de desarrollo personal, puede verse el acercamiento de las víctimas con los delincuentes, una reacción desarrollada durante la infancia. Un infante que percibe el enojo de su progenitor, sufre por ello y trata «comportarse bien», para evitar la situación. Este reflejo se puede volver a activar en una situación extrema.

La pérdida total del control que sufre el rehén durante un secuestro es difícil de digerir. Se hace más soportable para la víctima convenciéndose a sí misma de que tiene algún sentido, y puede llevarla a identificarse con los motivos del autor del delito.

De acuerdo con el psicólogo Nils Bejerot, el síndrome de Estocolmo es más común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso, tal es el caso de:

  • rehenes
  • miembros de una secta de prácticas "fuertes"
  • niños con abuso psíquico
  • víctimas de incesto
  • prisioneros de guerra
  • prisioneros de campos de concentración.


Casos famosos














Patricia Hearst durante el atraco protagonizado por el SLA en el Banco Hibernia.

Otros casos famosos incluyen rehenes de aviones y otras personas secuestradas, por ejemplo el de Patricia Hearst (1954–), nieta del influyente y poderoso editor William Randolph Hearst, quien después de haber sido retenida por una organización terrorista (el Ejército Simbiótico de Liberación), se unió a ellos varios meses después de haber sido liberada.

Referencia
«The six day war», artículo de Nils Bejerot, en Stockholm New Scientist, volumen 61, número 886, pág. 486-487, 1974.

Disculpas no sinceras


Según un estudio conducido por Risen y Gilovich en el 2007, los observadores son más severos contra una disculpa no sincera que aquella persona a la que se dirige la disculpa. Esto puede ser una explicación de por qué casi todos somos propensos a aceptar una disculpa dirigida hacia nosotros, por más que sea sincera o no, ya que deseamos creer que es sincera.

Es similar a cuando alguien nos adula. Aquellos observando pueden darse cuenta de que se trata de adulación, pero tendemos a creer que es honesto, ya que nos hace sentir bien con respecto a nosotros mismos.

Contrastando con esto, Risen y Gilovich encontraron que los observadores al detectar una disculpa no sincera tienden a rechazarla. Esto se refleja en la situación de observar a una figura pública disculparse, el indicador más sutil de insinceridad nos hace descartar todo el discurso.

No sólo las disculpas no sinceras fallan en reconciliarnos, sino que también causan daño, haciéndonos sentir enojados y faltos de confianza con aquellos que quieren que los perdonemos.

Vía | PsyBlog

sábado, 14 de mayo de 2011

Infelicidad

Un estudio reciente de la universidad de Stanford concluyó en que las personas se perciben más solitarias en sus problemas emocionales de lo que en verdad están.

La clave de esta percepción se centra en que solemos subestimar cómo otras personas se sienten, considerando que nosotros somos los únicos que experimentamos emociones tan negativas. El problema yace en cómo las personas expresan sus emociones, ya que sólo podemos observar a otras personas en un contexto social, y las personas suelen sentirse mejor cuando están acompañadas.

De este modo, como es una norma cultural aparentar estar felices, todos creemos que los demás no tienen tantos problemas como nosotros. Las redes sociales como Facebook y Twitter son ejemplos de esto, ya que es más común para un usuario escribir sobre algo positivo que haya ocurrido en nuestras vidas, así como subir fotos felices y en compañía de otros que actualizar nuestro estado con detalles sobre nuestra depresión.

Vía | HealthZone

martes, 3 de mayo de 2011

Los smartphone nos hacen más sociables












Leer las noticias en nuestro smartphone mientras estamos de pie en algún lugar público podría parecer que nos aísla de la gente a nuestro alrededor, pero un nuevo estudio realizado por la Universidad de Michigan sugiere lo opuesto: mientras más utilicemos nuestro teléfono para estar al tanto de las noticias, es más probable que hablemos con extraños.

El estudio también encontró que aquellos que usan su celular para hacer planes están más dispuestos a participar en conversaciones públicas. Al plantear la experiencia se esperaba que el uso del móvil en público causara disminución de las interacciones de los sujetos con personas desconocidas, pero leer las noticias nos da algo relevante que decirle a quienes tenemos al lado.

Al mismo tiempo, el uso de tecnología para motivos sociales, como hablar con amigos, disminuye la cantidad de conversaciones que tendremos con extraños en público. Esto muestra cómo la tecnología también puede ser un factor de aislación para el usuario, cosa que no ocurre cuando lo estamos utilizando para informarnos.

Vía | LiveScience