sábado, 29 de octubre de 2011

La ceguera a los anuncios online



El hecho de que Internet esté entrando siempre más profundo en nuestras vidas cotidianas también ha presupuesto un cambio en la forma en que las empresas abordan la publicidad. Antes la publicidad se restringía a las revistas impresas, el periódico y la televisión pero ahora también ha llegado a Internet en forma de anuncios más o menos invasivos y más o menos atractivos.

Sin embargo, ¿realmente las personas ven los banners publicitarios que se encuentran en los sitios web?

En el 1998 Benway y Lane acuñaron el término “ceguera a los anuncios” para referirse al hecho de que los usuarios de los sitios web ignoraban (de manera consciente o inconsciente) la información publicitaria que se encuentra en las páginas web, sin importar su atractivo o ubicación.

Posteriormente, en el 2001, Pagendarm y Schaumburg brindaron una explicación a este fenómeno. Según estos investigadores, todos los usuarios experimentados de Internet tenemos un objetivo bien determinado cuando estamos buscando información y también poseemos un esquema que nos dice dónde se debe encontrar esta información. Así, todo lo que se sale de este esquema y de nuestro objetivo, simplemente lo ignoramos.

Por ejemplo, imaginemos que entramos al buscador de Google y tecleamos la frase: “cómo combatir la ansiedad”. Esta persona hace clic en una página y de seguro espera encontrar algunas técnicas que le permitan controlar la ansiedad pero sabe que estas técnicas normalmente no están en imágenes sino en forma de texto; por ende, lo primero que buscará en el sitio al cual ha entrado, es la zona donde está el texto. El resto de la página carecerá de importancia y, por ende, los anuncios no serán vistos.

Por supuesto, algo diferente ocurre si buscamos la frase: “rincón de la psicología”, ya que en este caso podría interesarnos todo el blog y aumentarían las probabilidades de que los usuarios viesen los anuncios. En este caso, vale aclarar que me refiero a la palabra “ver” como sinónimo de “concientizar el anuncio”.

Hasta el momento esta teoría había sido considerada como válida y nadie la había cuestionado ya que a todos nos resulta muy lógica. Sin embargo, un estudio realizado en el 2011 por Guillaume Hervet brinda una explicación alternativa.

Estos investigadores utilizaron la técnica de eye-tracking en 32 personas a las cuales se les pidió que leyeran ocho páginas web que se referían a las cámaras digitales. En la tercera, cuarta, séptima y octava páginas se incluyeron anuncios de texto brindados por Adsense (tamaño 180 X 150 pixeles) justo en el lado derecho del contenido. Vale aclarar que los anuncios que se presentaron en la tercera y cuarta páginas eran diferentes entre sí mientras que los que se ubicaron en la séptima y octava eran iguales. Además, a la mitad de los participantes se les brindaron anuncios relacionados con las cámaras digitales mientras a la otra mitad se le mostraron anuncios incongruentes.

¿Qué sucedió? El 82% de los participantes miró uno o más anuncios.

Pero… ¿estos anuncios quedaban impresos en la memoria de las personas?

Para comprobarlo los investigadores idearon un experimento genial: crearon otro grupo de personas que nunca habían visto los banners y les pidieron que leyeran algunos anuncios difuminados (que no se distinguían bien pero que eran los mismos que se habían utilizado con anterioridad). Luego, el experimento se repitió con las personas que se expusieron a los anuncios en las páginas web y se compararon los resultados. En teoría, si las personas leyeron los anuncios y los recordaban, les sería más fácil leer los banners aunque estuvieran difuminados. ¿Resultados?

Efectivamente, quienes ya habían visto los anuncios, pudieron leer los banners con más facilidad y sin errores, lo cual sugiere que, al menos a corto plazo, los anuncios realmente crearon una impronta en las personas. Pero en este punto se descubrió un detalle interesante: la retención de los anuncios era buena solo cuando estos estaban relacionados con el contenido de la página web, cuando los anuncios eran incongruentes, las personas no los recordaban.

Otro aspecto importante salió a relucir: el comportamiento de las personas cambiaba con el paso del tiempo. Es decir, los dos primeros anuncios recibieron más atención que los últimos. Los investigadores afirman que esto se debe a que las personas aprendieron a ignorar los anuncios ya que presuponían de antemano dónde estarían ubicados. La buena noticia es que los anuncios volvían a capturar la atención si las personas leían dos páginas libres de publicidad.

En este punto la lección para todos aquellos que desean obtener ganancias con los anuncios de Adsense es muy clara: no ubicar los anuncios en todas las páginas, variar su ubicación y asegurarse de que su contenido sea congruente con el tema del sitio web.


Fuentes:
Hervet, G., Guérard, K., Tremblay, S., & Chtourou, M. (2011). Is banner blindness genuine? Eye tracking internet text advertising. Applied Cognitive Psychology; 25 (5): 708-716.
Pagendarm, M. & Schaumburg, H. (2001) Why Are Users Banner-Blind? The Impact of Navigation Style on the Perception of Web Banners; Journal of Digital Information; 2(1).
Benway, J. P. & Lane, D. M. (1998) Banner Blindness: Web Searchers Often Miss Obvious' Links. En: Internet Technical Group, Rice University.

jueves, 20 de octubre de 2011

Somos creativos pero no sabemos cómo ni por qué



La creatividad es una de las áreas más apasionantes de la Psicología pero a la misma vez una de las más mistificadas y menos exploradas. Comprender el proceso mental de las personas altamente creativas e intentar replicarlo continúa siendo una meta añorada. De hecho, este idea motivó a Brester Ghiselin a analizar con profundidad el proceso creativo de grandes artistas como Picasso pero desafortunadamente las informaciones que obtuvo fueron muy escasas ya que tampoco los grandes creadores saben explicar con gran exactitud sus procesos mentales.

Un estudio muy curioso desarrollado en el año 1931 por Norman Maier muestra cómo, a pesar de que podemos mostrarnos creativos, no tenemos ni idea de qué sucede en nuestras mentes.


El problema de las dos cuerdas

Maier deseaba explorar el proceso creativo en la solución de problemas; así, ató dos cuerdas en el techo de su laboratorio y le pidió a los voluntarios en el experimento que intentasen atar las dos partes que colgaban. El truco estaba en que ambas cuerdas se encontraban muy alejadas de forma que mientras se sostenía una cuerda, no se podía alcanzar la segunda.

Para ayudar a los participantes, en la habitación se colocaron varios objetos que podrían ser utilizados. Estos eran: cables de extensión, postes, pinzas y pesas. Como puede presuponerse, la mayoría de las personas lo primero que intentó fue alargar una de las cuerdas con una extensión para poder alcanzar la otra extremidad de la cuerda.

Pero esta respuesta obvia no satisfizo a Maier que estaba buscando una solución mucho más elegante. Así que le pidió a los participantes que buscasen nuevas soluciones. Como era de esperar, la mayoría de las personas se quedó atónita sin saber qué otra solución buscar.

Detente un momento y busca la solución, es un buen ejercicio para las neuronas.


La solución

Realmente la solución es muy sencilla y nos reporta a una de las leyes básicas de la física mecánica: atar una pesa a una de las cuerdas y provocar una oscilación suficiente como para que la misma llegue a nosotros mientras estamos sosteniendo la otra cuerda.

Pues bien, si has llegado por ti mismo a la solución: ¡Felicidades! Pocas personas lo logran pues la mayoría necesitan algunas pistas extras.

Continuando con el experimento, Maier le brindó estas pistas a las personas desconcertadas pero de forma que estas no se percatasen de que eran señales. ¿Cómo? Maier se ponía a caminar por la habitación siguiendo la trayectoria que podría describir la cuerda con un peso o, accidentalmente, chocaba contra la cuerda y la balanceaba un poco. Con estas pistas las personas llegaban a la solución en un minuto.


El verdadero problema: ¿Cómo lo solucionaste?

Sin embargo, lo que a Maier le interesaba no era la solución sino el proceso que se escondía detrás de esta. Así, le preguntó a las personas si habían recibido alguna pista. La respuesta general fue un rotundo ¡no!

Posteriormente, en una segunda entrevista un tercio de las personas reconoció que había tenido un insight cuando la cuerda se balanceaba. Aún así, al preguntarles cómo habían llegado a la solución, algunos incluso narraban historias muy originales pero que no brindaban ninguna luz sobre el proceso mental de fondo.

En resumen, que aunque podamos haber llegado a esta solución genial, probablemente tampoco ustedes puedan arrojar luces sobre cuál fue el camino que les condujo a la misma. Y es que la creatividad es uno de los procesos mentales más escurridizos de la Psicología Cognitiva.


Fuente:
Maier, N. R. F. (1931) Reasoning in humans: II. The solution of a problem and its appearance in consciousness.Journal of Comparative and Physiological Psychology; 12: 181-194.

sábado, 15 de octubre de 2011

Cómo ser más creativos: ¿es mejor tener muchas opciones?



El problema de cómo ser más creativos no es un tema sin importancia en la sociedad actual que premia cada vez más la originalidad. Como ejemplo curioso baste pensar en Alex Tew, un chico universitario inglés que en el 2005 se le ocurrió vender pixeles por Internet creando la página web One Million Dollar.  Y vendió nada menos y nada más que un millón de pixeles, cada uno al precio de un dólar. Luego, vinieron muchos imitadores pero ninguno logró éxito.

Más reciente en el tiempo es la historia del libro que destronó en Amazon a Harry Potter y El Codigo Da Vinci. La obra en cuestión se denomina “¿Qué es lo que todo hombre piensa, aparte del sexo? Y su autor es el británico Sheridan Simove. Lo curioso es que el libro son simplemente 200 páginas totalmente en blanco.

Pues bien, una de las formas para ser más creativos y quizás emular con los personajes citados anteriormente, es la libertad de pensamiento. ¿O no?

Una de las actividades a las cuales se dedica gustosamente la Psicología Experimental es a comprobar o refutar las ideas populares que afirman que la clave de la creatividad es la libertad de pensamiento y el número de opciones. Hace ya algunos años algunos investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts pusieron a prueba esta idea popular a partir de un experimento bien interesante.

Crearon tres grupos diferentes a los cuales se les brindó tareas relacionadas con la creatividad en las cuales debían encontrar nuevas soluciones simplemente mezclando los objetos que les habían dado.

Al primer grupo se les dieron algunas categorías de objetos del tipo “vehículos” y “juguetes” y además, se les brindaron diversos aparatos.

Al segundo grupo se le brindaron objetos más pequeños y específicos como: anillos y tubos de hierro.

Al tercer grupo se les permitió utilizar todos los objetos presentados a los grupos anteriores de forma que estas personas tenían ante sí una gran cantidad de opciones para crear algo original. Si la idea popular es cierta de que "cuanto más opciones, más creativo se es"; entonces las personas de este grupo deberían crear objetos más originales. Pero… ¿cuáles fueron los resultados?

Asombrosamente las personas del tercer grupo fueron las menos creativas. Entonces, ¿qué sucedió?

Las limitaciones en número de objetos en vez de convertirse en una traba, fueron un poderoso aliciente para la creatividad mientras que, al contrario, tener muchas opciones se convirtió en un freno. Así, la creatividad no depende del número de opciones de las cuales podemos disfrutar sino precisamente de la escasez y la necesidad de ser creativos.

De hecho, en el Marketing existe un fenómeno bastante similar denominado la “parálisis de elección” que indica que el cliente tiene ante sí tantos productos que le resulta prácticamente imposible decidirse. Por eso los publicistas saben que es bueno brindar opciones, pero solo un número limitado para no atiborrar al cliente.

También conocemos que nuestra memoria de trabajo está encadenada al número siete ya que es esta la cantidad media de elementos que puede manejar. Así, quizás para ser más creativos solo deberíamos restringir el número de opciones y concentrarnos en un área específica.


Fuente:
Finke, R. A.; Ward, T. B. & Smith, S. M. (1992) Creative cognition: Theory, research, and applications. Cambridge, MA: MIT Press.

¿Por qué leer nos hace sentir bien?



Según se deduce un estudio de la Universidad de Búfalo (EE UU) publicado recientemente en la revista Psychological Science, cuando leemos un libro nos sentimos parte psicológicamente de la comunidad que protagoniza la narración, por ejemplo el colectivo de magos en el caso de la popular saga de Harry Potter. Este mecanismo satisface una necesidad humana fundamental: la de pertenencia a un grupo.
En concreto, para la investigación los investigadores trabajaron con dos best-sellers: Harry Potter y la piedra filosofal y Crepúsculo. Y estudiaron la afiliación psicológica con magos y vampiros, respectivamente, de más de un centenar de sujetos antes y después de leer dos fragmentos de ambos libros durante media hora. De este modo comprobaron que los lectores se sentían identificados con uno u otro grupo en función del libro que les habían proporcionado. Además, la pertenencia a las comunidades de ficción producía una mejora del estado de ánimo y la satisfacción similar a la de formar parte de grupos reales. “Leer satisface una profunda necesidad psicológica”, que ha jugado un papel clave en la evolución, concluían los autores.

http://psicologia-terapias.blogspot.com ¿Por qué leer libros nos hace sentir bien? http://www.psicologia-terapias.com/2011/09/por-que-leer-libros-nos-hace-sentir.html#ixzz1XNcy8x5o

miércoles, 12 de octubre de 2011

La línea sutil entre el perfeccionismo patológico y el perfeccionismo sano


¿Intentas dar siempre lo mejor de ti en cada área donde te desenvuelves? ¿Cada vez que decides enfrentar una tarea, te comprometes al 100%? Si la respuesta es afirmativa probablemente eres un perfeccionista pero esto necesariamente no es negativo ya que precisamente estas son las facetas más positivas del perfeccionismo sano.


Lo cierto es que aunque siempre se habla del perfeccionismo patológico que se convierte en una barrera para lograr nuestros objetivos, también existe un nivel de perfeccionismo saludable que nos ayuda a crecer y a obtener mejores productos de las tareas que emprendemos.

No obstante, en muchas ocasiones la línea que separa el perfeccionismo sano del patológico es muy sutil y puede atravesarse en cualquier momento. Por ejemplo, comprometernos al máximo en situaciones que no son suficientemente importantes o que no responden a nuestros objetivos esenciales en la vida puede causar un enorme desgaste a nivel psicológico y físico. Por otra parte, pretender la perfección en cada tarea que emprendemos es exigirnos demasiado y someternos a una presión innecesaria.

Entonces, ¿cómo alcanzar el perfeccionismo sano sin caer en lo patológico?

El perfeccionismo está caracterizado por dos aspectos esenciales, el primero de ellos hace referencia al desempeño prefijado. Existe una gran diferencia entre intentar dar el máximo de sí y proponerse a toda costa dar el máximo de sí. En el primer caso la persona se plantea un objetivo que intentará cumplir (y esto, obviamente, puede causarle un mayor o menor nivel de estrés) pero lo importante es que generalmente este objetivo es fruto de una decisión meditada. Por ejemplo, intentamos dar lo mejor de nosotros en un proyecto porque este es importante para obtener un ascenso. En el segundo caso la persona simplemente quiere hacer las cosas de un modo determinado, sin atender a razones, es como si para ella el perfeccionismo fuera el único camino posible.

El segundo aspecto que caracteriza y distingue los tipos de perfeccionismo es la reacción ante el resultado final. Siguiendo con los ejemplos anteriores, obviamente, no lograr la perfección que nos propusimos puede afectarnos pero de manera diversa. El perfeccionista funcional es capaz de lidiar con el fracaso, sabe que la imperfección es una posibilidad y como tal, la asume. Al final, incluso es capaz de resaltar los aspectos positivos del trabajo.

Al contrario, el perfeccionista patológico es incapaz de lidiar con el error y el fracaso. Pero curiosamente, las ideas de fallo rondan continuamente su mente creando un ambiente de trabajo muy estresante. Cuando el perfeccionista patológico comete un error o su trabajo es imperfecto, simplemente se autoflagela y no es capaz de apreciar los logros alcanzados.

Así, en el perfeccionismo patológico se parte de antemano con una gran dosis de tensión y miedo relacionadas con el fracaso y a la persona le resulta casi imposible asumir de una forma sana la derrota.

Este extremismo en la forma de enfrentar las cosas es otra de las diferencias fundamentales entre ambos tipos de perfeccionismo. El perfeccionista sano tiene una manera más realista de ver las cosas, desea la perfección pero es capaz de valorar las tonalidades. Al contrario, el perfeccionista disfuncional tiene un pensamiento del tipo “todo o nada”, una forma de pensar tan dicotómica que le impide aprender de los errores y no le permite apreciar las cosas de forma realista.

Finalmente, otro aspecto al cual debemos estar atentos son las motivaciones que conducen al perfeccionismo. En muchas ocasiones el perfeccionista patológico está realmente motivado por su desempeño social; es decir, comprende el mundo como si participara en una competencia y se mide continuamente con los otros en la búsqueda perenne de ser superior y alcanzar el reconocimiento por esto.

En síntesis, es positivo enfrentar las tareas de la vida con pasión e intentar dar el máximo en ellas cuidando que el producto sea lo más perfecto posible pero debemos estar atentos a no sobrepasar la línea divisoria y no caer en lo malsano. Poniéndolo en palabras claras a partir de la foto que da inicio al artículo: es bueno mantener un césped bello y cortado pero este no tiene que ser perfecto.

En el artículo: "El perfeccionismo, ¿cómo eliminarlo?" podrán encontrar algunos tips para combatir esta problemática.

martes, 11 de octubre de 2011

Siete reglas para superar la timedez


Miedo, tensión, ansiedad, sudoración, balbuceo, bloqueo mental… estas son solo algunas de las sensaciones que perciben día a día las personas tímidas; sobre todo cuando se deben enfrentar a situaciones novedosas donde estén involucrados desconocidos.

La timidez es una problemática que deben enfrentar millones de personas en todo el mundo para las cuales el simple hecho de tener que encontrar a un empleado público para realizar un trámite totalmente rutinario, ya es motivo de gran ansiedad. Afortunadamente, con un poco de ayuda especializada y mucho compromiso personal, estas personas pueden superar la timidez y emprender una vida menos tensionante.

Algunas “reglas” esenciales para superar la timidez son:

1. Aceptar la timidez. La mayoría de las personas tímidas se recriminan a sí mismas por su comportamiento y esto no hace sino reforzar una autoimagen negativa.

Es decir, imaginemos que nuestro “yo interno” es un niño pequeño que en algunas ocasiones se comporta de forma tímida. Si le decimos constantemente: “¡eres tímido, no sirves para nada!”, solamente estaremos reforzando una imagen negativa. Al contrario, si lo aceptamos, nos preocupamos por entender los motivos del pequeño, por saber cuáles son las situaciones que le causan tensión y cómo se pueden resolver; estaremos ayudándole mucho más.

Pues bien, es precisamente esto lo que debemos hacer con nuestro “yo interno”. Debemos aceptar que algunas situaciones nos hacen responder de forma tímida pero debemos intentar comprender el por qué y cuál sería la mejor manera para superar la timidez.

2. Ser introspectivo. Una vez que hemos aceptado que la timidez no es una etiqueta que debemos acarrear por toda la vida sino que es una forma peculiar de responder ante las exigencias del medio, ha llegado el momento de comprender de dónde proviene.

En este punto es vital que no nos auto-engañemos e intentemos ser francos en las respuestas que demos a estas preguntas:

¿Soy tímido porque tengo muy baja autoestima (o muy elevada) y temo quedar mal ante las personas?

¿Soy tímido porque desde pequeño las personas a mi alrededor me lo han dicho?

¿Soy tímido porque siempre tuve a una persona que resolvía los problemas en mi lugar?

En fin, lo esencial es que cada persona sea capaz de llegar a la esencia de su timidez porque mientras mejor nos conozcamos, más rápido avanzaremos hacia la solución.

3. Plantear un desafío. Aceptar que la timidez es una característica de personalidad inamovible no servirá de nada, nos colocará en el papel de espectadores de nuestra vida. Al contrario, si vivimos la timidez como un desafío estaremos tomando las riendas de nuestro destino.

En muchas ocasiones la timidez puede ser un problema pero esto no quiere decir que no tenga solución. Vive esta emoción como una oportunidad para crecer como persona y para derrotar tus propios miedos.

4. Dar un paso a la vez. En este punto de la lectura probablemente muchas personas que desean superar la timidez estarán dispuestas a salir al mundo y enfrentarse con todos. Pero este no es el camino más sabio.

Las transformaciones personales necesitan tiempo; por ende, es mejor dar un paso a la vez. Plantéate pequeños objetivos y felicítate siempre que alcances alguno. Enfrentar los miedos de una sola vez puede ser demasiado atemorizante y muchas personas no lo logran por lo que terminan con la firme creencia de que no lo lograrán jamás. Al contrario, subdividir los miedos en pequeñas etapas a sobrepasar será mucho más fácil y motivante.

5. Buscar las ocasiones. A veces las personas se plantean superar la timidez pero huyen (consciente o inconscientemente) de las situaciones que presuponen un desafío. Cualquier momento es bueno para vencer la timidez, ya sea en la parada del ómnibus, en el centro de trabajo o en el parque. Por ende, aprovéchalo para dar un paso adelante.

6. Aceptar los errores con sentido del humor. Los primeros pasos no serán fáciles y probablemente te pondrás nervioso, balbucearás o dirás algo que no querías decir. Es algo normal que forma parte del proceso de aprendizaje. Sin embargo, en vez de recriminarte por ello, tómalo con humor. Reír de sí mismo es un ejercicio estupendo para ganar confianza y seguridad.

7. Aceptar nuestro lugar en el mundo. Un chiste muy conocido entre los psicólogos afirma que todos pensamos que “somos uno de cada diez” pero en realidad formamos parte de esos “nueve de cada diez”. Esta idea es particularmente importante para las personas tímidas ya que usualmente piensan que los otros recordarán eternamente sus errores. Sin embargo, la realidad es bien diversa ya que la mayoría de las personas que nos rodean no tienen en mente escudriñar todos tus defectos para anotarlos en el cuaderno de su memoria.

Concientizar que no somos el centro del universo es importante para todos aquellos que deseen superar la timidez ya que esto les permitirá asumir los retos desde una actitud mucho más relajada.

sábado, 8 de octubre de 2011

Miedo a decir NO


¿Tenemos miedo a decir no? Cuantas personas dicen si cuando en realidad quisieran decir no. ¿Por qué? Cómo aprender a decir no.
Dices si a un compañero de trabajo que te pide un favor cuando en realidad querías decir no.
¿Tu pareja te convence para ir a pescar cuando en realidad no te gusta? Tu mejor amiga te llama cuando estás ocupada pero eres incapaz de decir que no puedes  hablar en ese momento. En De psicologia.com te contamos más del miedo a decir no.
Decir no, ¿por qué nos cuesta?
  1. Afán de ayudar. Si eres una persona con empatía y te preocupa cómo se sientan los demás decir no, puede llegar a costarte ya que piensas si te piden algo es que  necesitan tu ayuda y no puedes negarte. En realidad si te piden ayuda pero en esa ocasión no puedes, es lo que puedes decir. En esta ocasión no puedo.
  2. Querer ser agradable.  Creemos que decir no, nos hará parecer poco amables.
  3. Miedo a la confrontación. Tenemos miedo que la otra persona se moleste si le decimos que no.
  4. Inseguridad o sentirse culpable de decir no. A veces nos piden o proponen algo y aunque no nos gusta por inseguridad o miedo a no acertar decimos que sí.
  5. Por miedo a que la otra persona se sienta rechazada. A veces pensamos que decir no a una determinada persona puede significar que esa amistad o relación se resienta. Es precisamente lo contrario. Si alguien te valora tendrá que respetar que a veces dirás Si y otras No.
Muchas veces decimos Si en lugar de No porque no pensamos en las consecuencias de No decir No. No queremos molestar, queremos demostrar somos buenas personas, solícitas y sin embargo luego acabas aceptando responsabilidades o haciendo favores que en realidad no podías hacer.
Siempre que te pidan algo piensa bien en las implicaciones de decir Si o de decir No. ¿Qué ocurre si dices sí a lo que te piden? ¿Qué te puede perjudicar? ¿Te gustaría decir no pero no sabes porqué dices si?
Recuerda que el tiempo es  algo valioso, el que pierdes ya no se recupera. Aprender a decir no para muchas personas puede significar una liberación. Dejarán de ser víctimas, cuando dices si cuando en realidad no quieres puedes llegar a ser víctima de ti mismo y de personas que se aprovechen de tu buena voluntad. Aprender a decir no te ayudará a fortalecer tu autoestima.

Cómo decir no tratando de no herir
Es cuestión de aprenderse estas fórmulas asertivas,  como un recurso para cuando quieres decir no. Poco a poco resultará más fácil de lo que piensas y te sentirás liberada/ o de poder decir no sin sentirte culpable.

Te piden algo y quieres decir que no
Formula 1: En este momento  estoy ocupado, pero lo pensaré. De esta manera retrasas la situación si en ese momento no tienes claro qué decir. Ganas tiempo para decir más tarde No.
Formula 2: Me encantaría pero no me puedo comprometer a lo que me pides en este momento. Una forma educada de decir no.
Formula 3: No soy la persona indicada para solucionar tu problema, porque no tratas de hablar con “X”. Dices no pero además orientas a la persona y le das otra opción.
Formula 4: Si tratan de venderte u ofrecerte algo. Gracias pero esto no se ajusta a mis necesidades. Una formula cortés para decir que no.
Formula 5: Lo siento no puedo. Sencilla y si además dices antes “lo siento” tratas de demostrar que no quieres la otra persona se sienta rechazada, sencillamente es que tú no puedes.

Fuente|zenhabits.net/say-no/
Fotos|copypast.ru/
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