viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Por qué la venganza es dulce?


Probablemente todos en alguna ocasión hemos escuchado la frase: “la venganza es dulce”, para referirse a cierto grado de satisfacción que se experimenta cuando alguien que nos ha hecho daño recibe su merecido. Pero… ¿qué hay de cierto en esta idea? ¿La venganza realmente es satisfaciente? ¿Por qué?

Investigadores de la Universidad de Marburg en Alemania se plantearon estas mismas preguntas. Para responderlas reclutaron a un total de 83 estudiantes a las cuales se les indujo a pensar que habían sido engañadas por un colega.

Cada estudiante debía escribir un ensayo corto que posteriormente debía intercambiar con otro estudiantes para que este le hiciera las correcciones. A cada estudiante se le hizo creer que había recibido una evaluación injustamente baja y que esta incidiría en la remuneración económica que recibirían al finalizar el experimento; si bien en realidad no existía ningún estudiante que fungiese como evaluador externo.

La última vuelta de tuerca consistió en permitirle a los estudiantes participar en un sorteo de última hora que estaba previamente preparado para que el supuesto estudiante que les había brindado la evaluación baja perdiese dinero. Además, también se les brindó la oportunidad de enviarles un mensaje de texto. ¿Qué sucedió?

Curiosamente, cuando la pareja perdía dinero “al azar”, los estudiantes reportaron sentirse satisfechos. No obstante, si la pareja no perdía dinero pero le enviaba un mensaje de texto reconociendo su error en la evaluación, los estudiantes también se sintieron satisfechos. ¿Quiénes no se sintieron bien? Evidentemente, aquellos cuya pareja no se disculpó ni perdió dinero.

La pérdida de dinero fue comprendida como una especie de “venganza universal” que satisfizo a los estudiantes ya que reequilibró su sentido de la justicia pero las excusas también ejercieron el mismo efecto. Así, los investigadores hipotetizan que la venganza es mucho más que la igualdad de sufrimiento, se trata de un sentido de la justicia donde se intenta que el otro comprenda que sus acciones han sido inadecuadas a través de la puesta en práctica de mecanismos de moderación que pueden ser más o menos adecuados y “justos”.

Los investigadores concluyen que la venganza es dulce y satisfactoria pero solo cuando los ofensores comprenden por qué están siendo castigados. De esta forma, quizás saboreemos la venganza porque es la confirmación de que existe una justicia que garantiza cierta paridad de oportunidades para todos. Y esta sensación nos resulta reconfortante y nos brinda seguridad.

Aún así, esto no quiere decir que la venganza sea un comportamiento positivo y totalmente perdonable porque nos hace sentir bien. En algunas situaciones es mucho más adecuado comprender las razones que motivan a las otras personas a actuar y aceptar las mismas porque a veces la venganza solo se convierte en un círculo vicioso que alienta las emociones negativas.


Fuente:
Gollwitzer, M.; Meder, M. & Schmitt, M. (2010) What gives victims satisfaction when they seek revenge? European Journal of Social Psychology; 41: 364–374.
Escrito por Jennifer Temática: Emociones

El divagar de la mente: ¿Es la causa de la infelicidad?



Soñar con los ojos abiertos puede potencia la creatividad y nos ayuda a relajarnos, sobre todo si estamos en un ambiente estresante. Sin embargo, no todo es positivo. Psicólogos de la Universidad de Harvard sugieren que dejar la mente divagar puede conducir a estados de infelicidad.

Las personas pasan aproximadamente el 46.9% de sus horas de vigilia pensando en algo que no tiene nada que ver con lo que está haciendo y este divagar de la mente nos puede hacer infelices. O al menos así lo demuestra el estudio realizado a partir de un app para iPhone que recogió los datos de más de 2.250 personas. A través de esta aplicación se indagaba sobre sus pensamientos, sentimientos y acciones de sus vidas cotidianas.

Daniel Gilbert, el psicólogo que ha dedicado años a investigar la felicidad humana, ha conducido este estudio y afirma que una mente que divaga a menudo es una mente infeliz. Además, afirma que la habilidad para pensar en lo que no está sucediendo es un logro cognitivo pero tiene sus costos emocionales.

Al contrario de los animales, los seres humanos pasamos muchísimo tiempo pensando en lo que sucede a nuestro alrededor: observamos los eventos, analizamos el pasado y escudriñamos el futuro e incluso pensamos en situaciones venideras que jamás se materializarán. De hecho, el divagar de la mente sería un modo de operar de nuestro cerebro que se activa por defecto.

A las personas que participaron en la investigación se les preguntaba en cualquier momento del día (mediante el app en su iPhone), su nivel de felicidad, qué hacían en ese momento, en qué pensaban y cómo se sentían. Asombrosamente, al realizar las estadísticas pudo apreciarse que las personas dejaban divagar su mente durante el 46.9% del día. Lo más curioso fue que de todo el tiempo que la mente divagaba, el 30% correspondía a momentos en los cuales las personas estaban cumplimentando otras actividades.

Finalmente, pudo apreciarse que las personas eran más felices cuando hacían el amor, practicaban ejercicios físicos o mantenían una conversación. Al contrario, eran menos felices cuando descansaban, trabajaban o utilizaban el ordenador en la casa.

Así, los investigadores concluyen que el divagar de la mente es un excelente predictor de los niveles de felicidad. Cuando estamos involucrados en una actividad pero nuestra mente tiende a divagar, esto significa que lo que estamos haciendo no nos resulta gratificante ni interesante, por ende, nuestra mente se desconecta automáticamente. Sin embargo, según Gilbert, si nos mantuviésemos concentrados intentando buscar el sentido de la actividad, probablemente fuésemos mucho más felices. Y es que para este psicólogo el divagar de la mente es la causa de la infelicidad y no una consecuencia, como se había pensado hasta el momento.

¿Cuál sería la solución? Aprender a estar plenamente presentes.

Además, al parecer es bastante difícil hallar la felicidad en las tareas en las cuales nos involucramos cotidianamente ya que los psicólogos hallaron que solo el 4.6% de los momentos de felicidad referidos por las personas que participaron en el experimento se podían atribuir a la actividad específica que realizaban.


Fuente:
Gilbert, D. T. & Killingsworth, M. A. (2010) A Wandering Mind Is an Unhappy Mind. Science; 330(6006): 932.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La trampa de los productos dietéticos



¿Eres de las personas que después de haber ido al gimnasio piensa que un croissant no le afectará? ¿O quizás de los que después de una larguísima caminata se permiten un pequeño capricho en forma de dulce? Pues bien, en el ámbito de la Psicología esto se denomina: “el Efecto de la Licencia” o en otras palabras, cuando nos permitimos pequeños caprichos porque consideramos que los merecemos después del esfuerzo realizado.

Ahora un nuevo estudio ha documentado un fenómeno similar en el acto de tomar las píldoras vitamínicas. Según los investigadores, este efecto podría explicar por qué el incremento explosivo en el consumo de suplementos dietéticos (aproximadamente la mitad de la población de los Estados Unidos los consume) no conduce a una mejoría en la salud.

Los investigadores de la Universidad de Nacional de Sun Yat-Sen reclutaron a 82 personas en la ciudad de Kaohsiung, en Taiwán. A todos se les propuso un régimen basado en una píldora inerte, a la mitad de ellos se les dijo que la píldora era un placebo mientras que a la otra mitad se les dijo que era una vitamina.

Después de un periodo de tiempo, se le pidió a las personas que calificaran una serie de comportamientos según los consideraran más o menos deseables. Pudo apreciarse que aquellas personas que creían que estaban tomando una vitamina mostraban una tendencia a considerar como más deseables una serie de comportamientos dañinos como beber grandes dosis de alcohol. Al contrario, las actividades más salutogénicas como practicar yoga se percibían como menos deseables.

Finalmente, cuando se les dio la oportunidad de elegir un cupón para una cena en un restaurante buffet o en un sitio donde se ofrecía comida orgánica, la mayoría de las personas que creían que tomaban las vitaminas, eligieron el restaurante buffet.

¿Por qué sucede esto?

Los investigadores consideran que el simple hecho de tomar una vitamina altera su percepción de vulnerabilidad ya que las personas que consumían vitaminas se sentían más invulnerables en comparación con quienes sabían que estaban tomando una píldora neutra. Esto facilitaría que las personas se involucrasen en actividades que dañan su salud ya que perciben el riesgo de manera minimizada.

Vale aclarar que este no es el único estudio de su tipo. Anteriormente se había realizado una investigación muy curiosa que incluyó personas de los Estados Unidos, China, Italia y Japón y según la cual en los Fast Food donde se incluyeron opciones dietéticas, las personas tendieron a elegir las alternativas más dañinas. Estos investigadores afirman que el simple hecho de apreciar un menú saludable minimiza nuestro sentido de culpa por lo que cedemos ante la tentación de consumir el menú más dañino.

En fin, que la próxima vez que nos pongamos a dieta u optemos por consumir suplementos alimenticios, será mejor tener bajo control nuestras decisiones y no sucumbir ante el Efecto de la Licencia.

Fuente:
Chiou, W., Yang, C., and Wan, C. (2011). Ironic Effects of Dietary Supplementation: Illusory Invulnerability Created by Taking Dietary Supplements Licenses Health-Risk Behaviors. Psychological Science; 22(8): 1081-1086.
Escrito por Jennifer Temática: Desarrollo Personal

viernes, 16 de diciembre de 2011

Cómo afecta Internet a la mente



Por Carlos Morea  | Para LA NACION


En agosto pasado, LA NACION publicó un artículo titulado "Más información, menos conocimiento", en el que Mario Vargas Llosa hacía referencia a las preocupantes advertencias señaladas por Nicholas Carr en su libro Superficiales. ¿Qué esta haciendo Internet con nuestras mentes? Allí se manifestaba alarmado y triste por los estragos que Internet estaría provocando en las mentes humanas. Para el premio Nobel, las siniestras predicciones de Carr a su vez reivindican las más antiguas teorías de Marshall MacLuhan sobre los peligros de los medios de comunicación en general y cómo éstos modifican y controlan nuestra manera de pensar y de actuar. En septiembre, LA NACION publicó la nota de opinión "Internet no debilita la memoria", escrita por Facundo Manes, renombrado neurobiólogo de la Universidad Favaloro, en la que el autor se refería a estos temas y en particular al artículo de Vargas Llosa.

El escritor peruano explícitamente reconoce no ser un neurocientífico capaz de juzgar sesudamente los experimentos citados por Nicholas Carr en su libro, y también admite que es posible que este último pueda exagerar un poco en sus catastróficos pronósticos. Pero coincide con Carr en que Internet esta dañando las mentes de los que la usan en forma indiscriminada. Utilizando el análisis de Carr, y también su propia experiencia, defiende con ahínco los fantásticos impulsos de Internet a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones, pero también se espanta por su deformada y excesiva utilización. Vargas Llosa advierte sobre el deterioro de la memoria. A mi modo de ver, entremezcla esto con otras dimensiones de la mente humana, pero sin duda su congoja no se ciñe a la memoria, sino que apunta, como lo expresa, a "la pérdida del hábito y hasta de la facultad de leer grandes libros" y a "la moderna creencia de que sólo se lee para informarse". Y agrega: "Los textos que no están subordinados a la utilización pragmática suelen ser considerados superfluos".

Si se tratara sólo de informarse veloz y utilitariamente, nadie puede dudar de que, como él describe, "un diestro cazador internauta alcanza su objetivo muy eficazmente picoteando información con el frenesí y el mariposeo cognitivo de la pantallita sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee". Vargas Llosa también advierte que Internet no resulta ser sólo una herramienta apta, sino que más bien pasa a ser una prolongación o una suerte de prótesis de nuestro propio cuerpo y de nuestro propio cerebro.

El reconocido neurocientífico Facundo Manes aclara de antemano que su objetivo es aportar algo adicional y así complementar lo dicho por Vargas Llosa desde la neurobiología; pero, en mi entender, su artículo más bien procura refutar a Vargas Llosa y a Carr. Manes utiliza frases citadas por el premio Nobel, como por ejemplo, "cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos" o "la inteligencia artificial soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas y, por fin, sus esclavos", y les asigna un peso relativo mayor y un significado parcialmente sesgado respecto del que surge de la letra y del espíritu del texto de Vargas Llosa.

En parte justificado por la amalgama que Vargas Llosa realiza de la memoria y otras dimensiones de la mente humana, de manera un tanto elíptica Manes insinúa que el corazón del argumento del novelista es la degradación que Internet provoca en la memoria humana y se enfoca primordialmente en ello para refutarlo.

Sus apreciaciones sobre la memoria son por cierto muy interesantes, aparentan ser rigurosas y resultan además estar situadas en las antípodas del parecer de Vargas Llosa. Para completar su intento de refutar al escritor peruano, hacia el final de su texto Manes pretende extender su defensa del ordenador respecto de la memoria en particular hacia toda la mente humana en general, y reivindicar así las bondades de Google sobre las mentes.

Celebra así algunas indiscutidas virtudes de las nuevas tecnologías y niega la actual preponderancia del colorido y animado monitor por sobre la lectura de las grandes obras. Arguye que a través de la incesante interacción con sus semejantes, el hombre y su cerebro siguen progresando y no son entonces disminuidos por las máquinas.

Vargas Llosa lamenta el efecto de Internet sobre la memoria humana, pero a mi humilde modo de ver ése no es el núcleo de su mensaje. El célebre escritor se manifiesta asustado y entristecido porque comparte con Carr el diagnóstico de que Internet está reduciendo la capacidad humana de introspección que antes avivaba la literatura.

Para calar hondo en semejante temática habría que extenderse mucho en cuestiones sobre el cerebro y sobre la mente, y hacerlo no sólo desde lo científico experimental sino también desde la metafísica, que incluye las dimensiones inmateriales de la mente humana. Todo eso excedería las pretensiones de este taquigráfico apunte. Nadie en su sano juicio osaría poner en duda la piramidal importancia de la memoria humana y que sin ella bien poco o casi nada podríamos llevar a cabo. Pero las neurociencias creen que la mente humana abarca otras dimensiones cardinales, también inmateriales, como la autoconciencia, la inteligencia abstracta, la libertad, la capacidad estética, la capacidad ética, el amor al prójimo, la sed y búsqueda de trascendencia y de felicidad perenne, y, entre los creyentes, la creencia y el amor a Dios. Yo tiendo a coincidir con Facundo Manes y no con Vargas Llosa, en cuanto a que Internet no está anestesiando la memoria del hombre para llevarla a una amnesia universal. Pero no resulta para mí viable encoger la mente humana a la memoria y a la búsqueda utilitaria de información. El hombre es la única bestia conocida en el cosmos que piensa y hace cosas que no son siempre exclusivamente utilitarias para la supervivencia y la conservación de su especie. Hasta neurocientíficos agnósticos y ateos manifiestan la relevancia de evocar "experiencias espirituales" (ampliamente definidas) para la consecución de la realización y felicidad humanas.

Incluso si la memoria humana no padeciera rasguño alguno, como tan ilustradamente expone Facundo Manes, a mi modo de ver resulta hoy muy arduo argumentar y constatar que a través de los muy acotados márgenes de introspección y reflexión que Internet promueve (hecho que tanto asusta y entristece a Vargas Llosa) no se estén efectivamente degradando otras dimensiones de la mente humana como la autoconciencia, la inteligencia abstracta, la libertad, la capacidad estética, el amor al prójimo y la sed y el anhelo de trascendencia y de felicidad imperecedera que todos los seres humanos traen consigo.

© LA NACION

El autor es empresario. Escribió La búsqueda que más importa. Bienestar, ciencia y eternidad.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Crisis de pareja o ruptura definitiva



Según las informaciones brindadas por el Instituto de Política Familiar, en el año 2010 en España se vivía una ruptura matrimonial cada cuatro minutos (hay veces que las estadísticas me resultan un tanto increíbles pero opto por ser fiel a los números). Y es que la inmensa mayoría de las parejas atraviesan periodos de crisis a lo largo de la relación. Esto sucede debido a que todas las personas cambiamos con el paso del tiempo, varían nuestras necesidades, motivaciones e incluso los sentimientos. Por ende, estos cambios provocan desencuentros que antes no existían.

Cuando se pasa por una crisis predomina la angustia y la confusión. Entonces aparece una pregunta que martillea constantemente: ¿Atravesamos una crisis o nos enfrentamos a una ruptura definitiva? ¿Cómo saberlo?

Al entrar en crisis los sentimientos que se experimentan son muy intensos por lo que es difícil pensar con la mente despejada. Decidir si vale la pena continuar o debe terminarse la relación puede ser una empresa verdaderamente titánica; sobre todo porque tememos asumir la opción equivocada.

Hay quienes consideran que la relación de pareja debe terminarse cuando se ha acabado el amor. No obstante, lo cierto es que a veces resulta muy difícil deslindar el amor de otros sentimientos como el cariño, la amistad o la compasión. Entonces es importante preguntarse: ¿aún existe pasión? ¿existe atracción sexual? En otros casos aún existe amor y pasión pero simplemente el estilo de relación que se ha adoptado es tan inadecuado que causa daños a ambos miembros.

Lo cierto es que es bien difícil determinar cuándo poner punto final a una relación de pareja pero en sentido general puede decirse que deberíamos pensar en una ruptura cuando la pareja no nos permite desarrollarnos como personas o cuando ninguno de los dos miembros logra desarrollarse. Cuando la relación más que satisfacción y bienestar, produce daño y sabemos que no hay forma de llegar a un acuerdo ventajoso para ambos que cambie el estado de las cosas actuales, entonces es el momento de llenarnos de coraje y romper.

Una relación de pareja madura implica un crecimiento de ambas partes, las dos personas se complementan y se retroalimentan la una de la otra permitiendo el desarrollo personal (ya sea brindando apoyo o motivando al otro). Hay ocasiones en que la relación no es desarrolladora sino que coarta la libertad y las posibilidades de las personas de desarrollarse, en este punto es necesario detenernos en el camino y repensar cuál será el paso futuro.

Si has optado por sobrellevar la crisis entonces necesitarás una buena dosis de introspección en aras de reconocer los errores propios y trabajar en eliminarlos. Eso sí, cada uno de los miembros de la pareja debe hacer lo mismo para que la relación continúe adelante. La responsabilidad por la crisis nunca es de una sola persona sino de ambos, por consiguiente, deben conversar sobre el tema, determinar responsabilidades y comprometerse con el cambio.

Si has optado por la ruptura debes saber que no será fácil. A veces, cuando la relación ha sido muy tormentosa, se experimentará un periodo de alivio inicial pero casi siempre después llega la nostalgia, la tristeza y la soledad. No obstante, estos son sentimientos normales que se van atenuando con el paso del tiempo. Date un tiempo para estar solo o sola y no corras inmediatamente a buscar una nueva pareja (sobre todo si el motivo que te impulsa es el miedo a la soledad, el refrán: “un clavo saca al otro” no es el mejor consejo a seguir).

Finalmente, tanto si se opta por continuar la relación como si se rompe la misma, un terapeuta de pareja siempre puede ser útil porque les ayudará a enfrentar los conflictos y a entender con mayor claridad qué sucede en la relación.
Escrito por Jennifer Temática: Sexualidad

Los reproductores de MP3 restringen la percepción del espacio personal



En los últimos años la tecnología ha invadido completamente nuestras vidas. Y hemos aceptado todos estos cambios sin poner oposición porque nos facilitan la rutina cotidiana o nos hacen la vida más placentera (o al menos esa es la idea que nos han vendido). Pero… ¿te has preguntado hasta qué punto puede la tecnología cambiar nuestros comportamientos?

Pues bien, esta pregunta se la han planteado psicólogos de la Universidad de Londres y para responderla idearon un diseño experimental bien original. En síntesis, su idea era evaluar cómo incidía la música en la percepción del espacio pero la clave se encontraba en que las notas musicales llegaban a las personas a través de unas bocinas o mediante los audífonos de un iPod.

Los investigadores le pidieron a los participantes que caminaran hacia un experimentador del todo desconocido para ellos (hombre o mujer) hasta el punto en que se sintieran incómodos por la cercanía. En otro grupo, era el experimentador quien caminaba hacia los participantes y estos lo debían detener cuando consideraran que estaba demasiado cerca.

Este ejercicio se repitió en total silencio, escuchando música positiva o negativa (en este caso, transmitida a través de bocinas o mediante los audífonos del iPod). Al finalizar, cada participante escuchó nuevamente las piezas musicales y evaluó en una escala cuánto les afectaron desde el punto de vista emocional.

Pues bien, la música positiva transmitida a través de los audífonos tenía el curioso efecto de empequeñecer el sentido de las personas de su espacio personal de forma que estos dejaban que el experimentador se acercara mucho más, en comparación con quienes escuchaban la misma música transmitida mediante las bocinas.

Por otra parte, la música negativa transmitida a través de las bocinas tenía el efecto de expandir el espacio personal (algo que no ocurría si se transmitía a través de los audífonos de cualquier lector mp3). Vale aclarar que este efecto era aún más pronunciado en quienes reportaron haberse sentido turbados emocionalmente por la música.

Esta idea no es del todo nueva. Anteriormente varios psicólogos ya habían hipotetizado la posibilidad de que escuchar música a través de los audífonos actuase como una barrera imaginaria que nos permite lidiar con la opresiva sensación claustrofóbica que propician muchas de las grandes ciudades, sobre todo en los medios de transporte urbanos.

La parte positiva del fenómeno radica en el hecho de que escuchar música a través de los audífonos podría ser otra herramienta más para luchar contra la claustrofobia o para propiciar el confort en situaciones donde nos vemos obligados a compartir un espacio reducido.

Fuente:
Tajadura-Jiménez, A., Pantelidou, G., Rebacz, P., Västfjäll, D. & Tsakiris, M. (2011) I-Space: The Effects of Emotional Valence and Source of Music on Interpersonal Distance. PLoS ONE: 6 (10).
Escrito por Jennifer Temática: Percepción Psicología Social.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Los hardcore gamers tienen centros del placer más grandes



¿Los gamers pueden ser los mejores amantes o sentir más placer? Depende de muchos factores, pero ya hay bases científicas que los cataloga de ser los más hedónicos, un gran paso al menos para la autosatisfacción. En este estudio realizado por el Dr. Simone Kuhn de la Universidad de Medicina Charité de Berlín, se tuvo en observación a un grupo de 154 gamers de 14 años de edad. Primero, los investigadores dividieron a los estudiantes en dos grupos: el jugador casual que jugaba durante unas cuatro horas a la semana, y los frecuentes que juegan por cerca de 21 horas a la semana.

Se obtuvieron imágenes a través de escáners de resonancia magnética de todos los sujetos de prueba y se encontró que en comparación a los que los jugadores ocasionales, el grupo de jugadores hardcore tenían más materia gris (cuerpos de las células nerviosas), en una región del cerebro llamada  ”cuerpo estriado”.

El estriado ventral se asocia generalmente con todo lo que da placer, por ejemplo, recompensa de comida o monetaria. También se ha asociado con algunas adicciones, y aunque esto no es concluyente, sugiere que los  jugadores frecuentes experimentan más placer que otros: el estudio revela sin duda una interesante correlación.

En una segunda parte del estudio, prometieron a los participantes una recompensa si eran capaces de ganar. Los escáners cerebrales de los jugadores hardcore mostraron una respuesta muy interesante: los centros de placer se activan más cuando no lograban conseguir la victoria. Se piensa que esto puede ser una de las razones por las que persisten con los videojuegos a pesar de estar perdiendo, como  aquel amigo aferrado y mal encarado que no sabe perder.

Existen muchos mitos sobre el tema y la verdad es que todavía hay mucho que aprender sobre las causas y consecuencias de ser gamer. Algunas investigaciones sugieren que los juegos pueden ser saludables, mientras que otros dicen que puede ser perjudicial. ¿Tú qué piensas?

Enlace

Fuente: Translational Psychiatry Journal

viernes, 9 de diciembre de 2011

Seis reglas para realizar una crítica constructiva



Criticar es fácil, realizar una crítica constructiva es un arte. A veces pareciera que tuviéramos incluido en nuestro ADN el “don” de criticar y es que evitar esta postura hipercrítica es sumamente difícil. De hecho, les motivo a que pasen un día entero sin criticar nada. De seguro antes de que pasen tres horas se encontrarán criticando algo.

No obstante, la crítica no tiene por qué ser negativa sino que puede convertirse en un punto de apoyo para crecer, en este caso me refiero a la crítica constructiva,

El objetivo esencial de la crítica constructiva es lograr un cambio favorable que beneficie a los otros (y esta es la idea que siempre debemos tener presente cuando vayamos a criticar). Con demasiada frecuencia cometemos el error de analizar únicamente nuestro punto de vista sin tener en cuenta las necesidades o propósitos que tienen los otros. Por eso, antes de criticar, es necesario abrir nuestra mente y preguntarnos si nuestra crítica realmente puede aportarle algo positivo a la otra persona.

En este punto podrás comprender que realizar una crítica constructiva que ayude a crecer al otro no es tarea fácil; sin embargo, existen algunas reglas que pueden ayudarte:

  1. Ser autocrítico: ¿Estamos criticando un error que nosotros mismos solemos cometer? ¿Vamos a sugerirle a una persona que sea más flexible cuando nosotros no lo somos? Normalmente la crítica es aceptada con agrado cuando proviene de una persona confiable y madura. Esto quiere decir que la técnica: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, no se aplica a las críticas constructivas.
  2. Personalizar: mientras más personalizada sea la crítica, más probabilidades tendrá de llegar a buen puerto. Hablar en sentido general no ayuda, es mejor determinar adecuadamente el objetivo y hacerlo llegar de forma concisa y personalizada al caso que tenemos delante.
  3. Criticar resultados y comportamientos, no personas: el hecho de que alguien haya hecho mal algo, no significa que la persona sea incompetente. El hecho de que se haya comportado de manera rígida ante una situación no significa que sea una mala persona. Por ende, cuando criticamos debemos tener cuidado con las palabras utilizadas. Una crítica constructiva no tiene el objetivo de hacer sentir mal al otro sino de ayudarle, por ende, no le criticamos como persona sino que apuntamos los errores de sus resultados o comportamientos.
  4. Utilizar el tono adecuado: el objetivo de una crítica constructiva no es vencer al otro sino convencerlo de los problemas o errores. Por ende, el tono de sabelotodo o de prepotencia no es el más adecuado. Intenta asumir la postura del amigo o del compañero que desea sugerirle un cambio.
  5. Buscar el momento adecuado: en ciertas ocasiones, sobre todo en los lugares públicos o cuando la persona está muy comprometida emocionalmente, es mejor posponer la crítica para otro momento. Si realmente deseamos que la otra persona cambie, debemos esperar a que tenga una disposición emocional adecuada para escuchar lo que deseamos decirle.
  6. Brindar sugerencias y apoyo: a veces, por muy constructiva que sea la crítica, la soltamos cual “patata caliente”. Es decir, apuntamos lo que anda mal pero no le brindamos un posible camino para que solucione la problemática. Esto provoca desazón y angustia en la persona que es criticada ya que se siente perdido y sin brújula. Por eso, antes de criticar, es mejor pensar en cuáles podrían ser las posibles opciones para cambiar lo que está mal hecho. Si no tenemos ninguna solución a mano, entonces es importante brindarles nuestro apoyo para encontrar juntos una salida.

Escrito por Jennifer Temática: Comunicación Desarrollo Personal