lunes, 6 de febrero de 2012

Emociones de peso



Nuestra sociedad está viviendo una gran paradoja. Por una parte están aumentando los problemas de obesidad y sobrepeso y por otra los casos de anorexia y bulimia. También cada día hay más personas que pesan más persiguiendo cuerpos cada vez más delgados, esbeltos y tersos. Este fenómeno social que sitúa a los cánones de belleza, sobre todo el femenino, por debajo del peso normativo alimenta una auténtica obsesión por el cuerpo y de paso todo un negocio: gimnasios, dietas, cosméticos,… Si entre tus propósitos de año nuevo está perder peso, quizás deberías plantearte antes algunas cuestiones.

¿Qué es la obesidad?
Aunque se ha definido la obesidad como un exceso del peso corporal, quizá sea más apropiado entenderla como un exceso de tejido adiposo. A partir de lo que señala la báscula, existen unas tablas estandarizadas que clasifican a la persona según su sexo, edad y constitución física dentro de unos parámetros. De esta manera, un deportista quizá tenga exceso de peso pero no podemos decir que esté obeso. Actualmente la obesidad está considerada un grave problema para los sistemas sanitarios y ya representa un 7% de su gasto. Sólo en España el 63% de la población adulta tiene exceso de peso y el 20% de los niños entre 6 y 9 años padece obesidad.

¿Por qué hemos engordado?
Principalmente porque comemos más de lo que necesitamos y comemos peor de lo que deberíamos. Ligado al trabajo industrializado, el crecimiento de las ciudades, los incompatibles horarios laborales; cada vez llevamos estilos de vida más sedentarios: nuestros trabajos comportan muy poca actividad física, cubrimos distancias con medios de transporte, dedicamos nuestro ocio a ver la televisión, navegar por Internet, videojuegos,… En paralelo los hábitos alimentarios también han cambiado: hemos sustituido la dieta mediterránea por los alimentos precocinados, la comida de casa por la comida rápida, los fogones por las máquinas expendedoras, comer con los nuestros a comer con desconocidos o solos… Por supuesto, también influyen la genética, trastornos metabólicos y bloqueos emocionales.

Acabemos con el mito del “gordito feliz”
Desgraciadamente, la sociedad en general rechaza al obeso y le culpa de su tara. Especialmente si es una mujer. Numerosos estudios explican que la obesidad se encuentra estigmatizada y que alrededor del obeso existen todo tipo de perjuicios: indisciplinado, falto de voluntad, infeliz, poco amigable, torpe, carente de atractivo,… El mayor riesgo es que la persona con obesidad interiorice estos calificativos, como consecuencia rechace su cuerpo e inicie conductas encaminadas a controlarse como pesarse constantemente, ayunar, hacer ejercicio físico extenuante, aislarse,… Estos comportamientos son propios de un trastorno alimentario. El mito nos describe a los “gorditos” como felices y risueños pero lo cierto es que detrás de un obeso suele encontrarse una persona con dificultades para relacionarse, inestabilidad emocional, escaso control de los impulsos y malestar afectivo.

¿Puedo tener el cuerpo que quiero?
Otra idea preconcebida ligada con la anterior es que con la cantidad de recursos a nuestro alcance (dietas, gimnasios, cremas reductoras, operaciones de estética, alimentos light,…) y con empeño uno puede tener el cuerpo que desee. Esta creencia errónea lleva a mucha gente a proponerse objetivos poco realistas sobre cuánto peso quiere perder. No conseguirlo provoca sentimientos de frustración y baja autoestima que pueden llevar a la ingesta compulsiva. El pensamiento que hay detrás sería “si no lo he conseguido es por mi falta de voluntad” y eso le empujaría a tomar medidas más drásticas: ayunos prolongados, ejercicio físico extremo, consumo de purgantes,… Cuando en realidad son las metas las que están equivocadas y la persona no está teniendo en cuenta que su cuerpo tiene unos límites y hay que conocerlos y respetarlos.

Para reflexionar
Como hemos visto la obesidad es un problema complejo que tiene varias causas: biológicas, psicológicas, culturales,… A pesar de la publicidad y de las creencias populares, ni la delgadez da la felicidad ni podemos tener el cuerpo que nos quieren imponer… a menos que estemos dispuestos a hacernos daño. Más importante que tener un peso determinado es tener un cuerpo sano. Aprender a respetarlo, dándole lo que necesita, lo que le hace bien. Cada uno tenemos el cuerpo que nos ha tocado, es lo que nos sitúa en el mundo y nos va a acompañar durante mucho tiempo. Nos irá mejor si aprendemos a respetarlo y cuidarlo.


por Luis Salar Vidal

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