viernes, 20 de abril de 2012

¿Cómo ser creativo? Simplemente… ¡Pestañea!



¿Eres de las personas que casi nunca pestañea o, al contrario, pestañeas muy a menudo? Un estudio recientemente realizado en la Universidad de Leiden afirma que el número de pestañeos está estrechamente relacionado con la creatividad.

La idea en sí puede resulta un tanto extraña pero antes de valorarla negativamente echemos un vistazo al experimento.

En primer lugar, los 117 participantes en el experimento estaban continuamente monitorizados con una serie de electrodos situados en los ojos. Luego, para analizar si la persona tenía un pensamiento divergente o creativo se les presentaba una tarea donde debían buscarle un uso alternativo a un objeto. Por ejemplo, se les preguntaba qué cosas podrían hacerse con un lápiz. Mientras más ideas se le ocurrieran a los participantes, más creativos eran.

En un primer análisis se apreció que tanto aquellas personas que pestañaban mucho como las que lo hacían muy poco, brindaban menos opciones creativas. En resumen, que los más creativos eran quienes presentaban una velocidad media de pestañeo.

Luego se les presentó a los participantes otra tarea donde debían poner en práctica el pensamiento convergente. En esta ocasión debían enlazar pares de palabras, como por ejemplo: martillo y clavo. En este caso, quienes pestañaban menos, eran más rápidos y obtuvieron resultados mejores.

Así, pudo concluirse que para potenciar el pensamiento convergente, es mejor pestañear muy poco pero si deseamos ser creativos debemos aumentar la velocidad de pestañeos.

Pero… ¿de dónde surge esta relación entre creatividad y pestañeos? ¿Tiene alguna base científica o se trata solo de una correlación espuria?

Los investigadores afirman que los pestañeos están íntimamente relacionados con la dopamina (una sustancia que en el pasado ya se había correlacionado con la creatividad). Lo interesante es que la dopamina también mejora el estado de ánimo y esa es la razón por la cual se recomienda a todos aquellos que deseen ser más creativos que mejoren su humor y rían a menudo.

Vale aclarar que aún no se ha demostrado que dosificar de forma consciente el pestañeo pueda tener efectos sobre la creatividad y el pensamiento convergente. Pero quizás es solo cuestión de probar ;-)

Fuente:
Akbari, S. & Hommel, B. (2010) The link between creativity and dopamine: Spontaneous eye blink rates predict and dissociate divergent and convergent thinking. Cognition; 115(3): 458-465.

Escrito por Jennifer Temática: Curiosidades Inteligencia y Creatividad

Diez grandes logotipos al "desnudo"

Estamos tan acostumbrados a ver los grandes logotipos de las marcas famosas que ni siquiera nos cuestionamos su verdadera eficacia y la calidad del diseño. Es decir, cuando pensamos en crear un logo, normalmente tomamos como punto de referencia los modelos que han sido establecidos por las grandes marcas. Y es que, ya sea de forma consciente o no, los asociamos al éxito. Y, por ende, pensamos que esta es la línea general a seguir.

Sin embargo, ¿qué pasaría si modificásemos un poco estos grandes logotipos? ¿Cambiaría nuestra percepción de los mismos? ¿Continuaríamos pensando que son interesantes y creativos?

Pues bien, un diseñador rumano ha tenido la idea de “desnudar” los grandes logotipos de sus respectivas marcas. Y he aquí el resultado que, por demás, lleva implícito un exquisito toque de humor.
1. Coca Cola


2. Facebook


3. BP


4. Google


5. Lacoste


6. Nike


7. Cartoon Network


8. Benetton


9. Underground


10. Durex


Obviamente, este trabajo nos da mucha tela por donde cortar enfatizando en el hecho de que los logos no solo son reflejo de la marca y la empresa en sí sino que también son el producto de un enorme trabajo de publicidad que cambia nuestra percepción y nos hace más proclives a verlos bajo un aspecto positivo.

Fuente

jueves, 12 de abril de 2012

Neurociencias: ¿metas fundamentadas o mitos fundados?

María Laura de la Barrera



A manera de introducción
 
El auge de las neurociencias data de fines del milenio pasado y se dice que el que ha comenzado, ya pasados doce años, será el siglo o la era del cerebro. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de neurociencias? ¿Por qué este auge inusitado ante dicha disciplina? 

En realidad el término neurociencia es relativamente joven y surge con la fundación en 1970 de una asociación de neurocientíficos profesionales, con miembros que procedían de diversas disciplinas, tales como la medicina, la biología, la psicología, la química, la física e, inclusive, las matemáticas.

Podríamos decir que la neurociencia toma lo que necesita de todas las ciencias básicas para el abordaje de la estructura y función del tejido nervioso. Las descripciones anatómicas y funcionales no se limitan a la especie humana, sino que también se hacen continuas referencias a aspectos comparados de interés. Delgado García (2007) afirma que, tradicionalmente, la neurociencia ha sido una actividad científica cuya enseñanza y, por tanto, su aprendizaje, han estado restringidos al ámbito de las facultades de medicina. Una consecuencia indirecta de este hecho ha sido la focalización del interés por los diversos aspectos clínicos (neurología, neurocirugía y psiquiatría) de la actividad neuronal y un olvido relativo de la naturaleza fisiológica de este tejido celular:

Parece, pues, justificado realizar un esfuerzo para extender el conocimiento de la neurociencia a estudiantes de otras facultades y escuelas haciendo un énfasis particular en los fundamentos científicos de la biología del sistema nervioso desde las propiedades biofísicas y moleculares de sus elementos constitutivos (neuronas y glía) hasta lo que se conoce en la actualidad sobre sus resultantes comportamentales y cognitivas.

Destaca el autor que la neurociencia ha sido la última de las ciencias naturales en tomar identidad propia diferenciada, debido a la complejidad de su objeto de estudio y por su carácter necesariamente multidisciplinario. Señala que cuando abordamos el estudio de la naturaleza, estudiamos en cierta forma algo externo a nosotros mismos, pero cuando estudiamos el cerebro dirigimos nuestra observación a nosotros mismos, a nuestro propio interior, aspecto que podría estar presentando evidentes dificultades metodológicas y conceptuales repetidamente señaladas por filósofos y epistemólogos.

García Alvea (2011) afirma que más allá de la neurología clásica, centrada en el estudio del sistema nervioso (su estructura, función y desarrollo) en estado normal y patológico, la nueva neurociencia se presenta con vocación universalista y multidisciplinar, que traspasa las fronteras departamentales y aspira a la reconciliación de las ciencias y las humanidades, proyectándose en una especie de “neurocultura” de la que se esperan grandes beneficios para la humanidad. Ruiz Sánchez de León, Pedrero Pérez, Fernández Blázquez y Llanero Lúquez (2011) hacen algunas referencias con relación a la propuesta de García Albea (2011) en cuanto a los usos y abusos del prefijo neuro, acerca de que en los últimos años, y coincidiendo con lo que algunos han llamado la “era del cerebro”, han proliferado acepciones que se refieren a algunos campos de dudosa entidad científica, afirmando que el hecho de aplicar el prefijo “neuro” a cualquier cosa no la convierte en disciplina científica, aunque, para el gran público, así pueda parecerlo. Aún así, los autores defienden la postura de que el prefijo neuro para la psicología y la psicología cognitiva, ha colaborado con el crecimiento teórico conceptual de ambas disciplinas, no acordando con García Albea que la neurología sea la única verdadera neurociencia (Sánchez de León et al., 2011: 320).

Un concepto sencillo que nos ayuda a entender dicha disciplina, es el que ofrece Kandel (2000), al definirla ya en plural: las neurociencias tienen la función de aportar explicaciones de la conducta, en términos de la actividad del encéfalo. Da razones acerca de cómo actúan millones de células para producir la conducta y cómo estas células se hallan influidas por el medio ambiente. Más específicamente, podemos añadir que su tarea central es explicar cómo es que actúan millones de células nerviosas individuales en el encéfalo para producir la conducta y cómo, a su vez, estas células están influidas por el medioambiente, incluyendo la conducta de otros individuos (Jessel, Kandel y Schwartz, 1997).

Algunos estudiosos (Tirapu Ustarróz, 2011; Tirapu Ustarróz, Ríos Lago y Maestú Unturbe, 2011; de la Barrera, Manes, Roca, Donolo y Rinaudo, 2011; Benito, 2010; Delgado García, 2007) afirman que en el momento presente seguimos inmersos en los mismos condicionantes socioculturales de siglos pasados (Platón, Aristóteles, Galeno, Descartes…), no sólo porque determinadas concepciones filosóficas y religiosas presuponen posturas de principio de carácter dualista (mente y cuerpo son entidades independientes) o materialista emergente (la mente es el resultado de la actividad cerebral), sino también porque es de continua actualidad el análisis de las similitudes y diferencias entre el cerebro y la computadora. Lo cierto es que el estudio de las funciones cerebrales tiene mucho de reflexivo y es difícil substraerse a la objetividad de los datos obtenidos por la observación y la experimentación.

Desde el punto de vista clásico, las primeras técnicas de estudio fueron la observación anatómica macroscópica; la observación mediante microscopía óptica; la observación de los cambios conductuales tras la lesión de diversas estructuras cerebrales, o mediante la estimulación eléctrica de las mismas. A estas técnicas se sumó poco a poco el registro de la actividad eléctrica de los elementos neuronales.

En la actualidad, el estudio de la afectación del tejido nervioso por procesos infecciosos, degenerativos o traumáticos no se limita a la mera observación de las diversas manifestaciones sintomáticas, sino que trata de identificar con técnicas no lesivas (desde determinaciones bioquímicas hasta la tomografía por emisión de positrones) los elementos neuronales dañados. Hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX, las dos técnicas que resultaron más cruciales en el avance de los conocimientos de la estructura y funcionamiento del sistema nervioso, fueron probablemente la técnica de tinción argéntica de Golgi y el registro intracelular de la actividad eléctrica neuronal. Para el neurocientífico de finales de siglo, el abanico de técnicas disponibles es casi inabarcable, lo que hace más que nunca necesario el trabajo en grupo. Así, técnicas básicas de la física, la química o la farmacología se han sumado a las ya descritas (Delgado García, 2007).

Finalmente, en las dos últimas décadas, las aproximaciones moleculares y genéticas al estudio de la biología del sistema nervioso, han cambiado en profundidad nuestra visión y entendimiento del sistema nervioso. Canales iónicos receptores y neurotransmisores, moléculas de adhesión y vías de transducción de señales intracelulares, han crecido en número de un modo impresionante.

Así pues, la neurociencia actual es el resultado de la confluencia de muy diversas técnicas de experimentación animal y de observación clínica en humanos. La interpretación de los fenómenos biológicos debe encuadrarse dentro del marco filogenético. Cualquier aspecto de la biología del sistema nervioso, incluido el comportamiento, está sujeto al cambio evolutivo. Por tanto, siempre es posible estudiar variantes de un determinado proceso en especies diferentes. Este aspecto es particularmente importante en el caso de la actividad cerebral. La aceptación de que cualquier actividad cerebral, incluidas las propiedades cognitivas, resulta de la modificación evolutiva de propiedades presentes en otros organismos, es lo que hace justificable la utilización de modelos animales en el estudio del cerebro humano (Delgado García, 2007).

Munakata, Casey y Diamond (2004) muestran cómo el trabajo, en el área de las neurociencias, incluye todo tipo de métodos de disciplinas relacionadas, como pueden ser estudios de comportamiento, de neuroimágenes, de genética molecular, modelos computacionales, registro de células únicas, ensayos químicos, entre otros, que intentan destacar el énfasis que se está poniendo en métodos complementarios para evaluar múltiples aspectos o niveles de procesos del desarrollo, que van desde aquellos específicamente moleculares hasta niveles sistémicos en el desarrollo típico y atípico de los humanos y otras especies.

Las funciones conductuales y mentales suponen un cierto grado de localización en estructuras cerebrales, pero lo cierto es que la mayoría de los generadores de patrones de procesos cognitivos y emocionales no presentan una localización única, sino más bien distribuida o en red.

De manera general puede decirse entonces que las neurociencias se entienden como un conjunto de disciplinas científicas que comparten un interés común, como es el estudio del sistema nervioso. Las denominadas de tipo no conductual estudian la neurona, la glía, la anatomía desde la neurobiología, la neuroanatomía y la neuroendocrinología. Las neurociencias calificadas como de tipo conductual estudian el funcionamiento del sistema nervioso desde la neuropsicología, la psicobiología, la psicofisiología, la neurociencia cognitiva y la neuroeducación. Lo cierto es que desde los avances tecnológicos y del conocimiento, se procura un camino a la integración.

Fuente: Revista Digital Universitaria - UNAM

miércoles, 11 de abril de 2012

Las redes sociales, entre la influencia, la adicción y el narcisismo



Muchas personas son capaces de cualquier cosa con tal de no dejar el celular. Foto: Banco de imágenes

"Los medios sociales son adictivos porque eres el centro de la experiencia, por lo que de forma natural quieres pasar más tiempo en ellos, para ver cómo la gente te responde o responde a aquello que compartes"

Estudios recientes confirmaron la creciente necesidad de muchos usuarios de estar permanentemente conectados para interactuar con sus conocidos a través de plataformas como Facebook, la más popular de las redes sociales, u otros servicios de mensajes a través del teléfono.

“Los medios sociales son adictivos porque eres el centro de la experiencia, por lo que de forma natural quieres pasar más tiempo en ellos, para ver cómo la gente te responde o responde a aquello que compartes”, dijo el analista Brian Solís, de origen mexicano y español y experto de la consultora Altimeter Group.

En esa dependencia se reconocen síntomas comunes en cualquier adicción, tal y como confirmó un experimento llevado a cabo en 2011 por la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, en el que se pidió a un millar de universitarios de 37 países que pasaran 24 horas sin internet ni medios de comunicación.

Tras un día sin contactos en la red, alrededor de un 20% de los estudiantes manifestaron un síndrome de abstinencia tecnológico con sentimientos de “desesperación”, “vacío” o “ansiedad”, unas respuestas que van en la línea de una encuesta realizada por la empresa tecnológica TeleNav en Estados Unidos hace menos de un año.

Más de la mitad de los consultados aseguraron que preferían dejar el chocolate, el alcohol o la cafeína durante una semana antes que desprenderse temporalmente de sus teléfonos.

Campañas como el Día Nacional de la Desconexión, que celebra esta semana en Estados Unidos su tercera edición, intentan concientizar hacia un empleo más sano de las redes sociales, cuyo uso puede derivar en un narcisismo patológico, según un estudio publicado este mes en la revista Personality and Individual Differences.

Tras analizar los hábitos en Facebook de casi 300 personas de entre 18 y 65 años, los investigadores hallaron evidencias de dos elementos socialmente perjudiciales propios del narcisismo, como el ansia de protagonismo y la voluntad de aprovecharse de los demás.

Esas actitudes resultaron estar más patentes en aquellos que tenían más amigos en la red social, actualizaban su cuenta y su foto de perfil con más frecuencia y reaccionaban más agresivamente a quienes les criticaban en Facebook.

El peso adquirido por las redes sociales ha llegado al punto de que, según la Universidad de Maryland, la forma en la que se interrelaciona en ellas contribuye a crear la identidad del usuario frente a los demás y frente a uno mismo, una vinculación que no tiene por qué ser necesariamente negativa.

“Cualquier persona tiene la oportunidad de convertirse en un famoso en el mundo digital y las compañías y las marcas han visto ya que pueden conseguir buenos resultados cuando se relacionan con gente que ha logrado tener un estatus en la red”, explicó Solís, autor del reciente informe The Rise of Digital Influence.

lunes, 9 de abril de 2012

Cómo manejar la ansiedad asociada a los cambios
















En el imaginario popular se ha creado una imagen que asocia la ansiedad a las circunstancias negativas, desagradables y peligrosas. Sin embargo, también las situaciones positivas pueden provocar una buena dosis de ansiedad. ¿Quién no se ha sentido ansioso ante la llegada de un bebé o con una promoción laboral?

Y es que los cambios, independientemente de si son positivos o negativos, suelen generar temor y ansiedad. Esto sucede porque nos vemos obligados a salir de nuestra zona de confort para enfrentarnos con una situación parcialmente desconocida. Por supuesto, en este punto te estarás preguntando cómo manejar la ansiedad generada por los cambios. Afortunadamente, existen algunas técnicas muy simples que te ayudarán a lograr tu cometido:

1. Escribe las causas de la ansiedad. ¿Qué te asusta? ¿Qué consecuencias te atemorizan? En el peor de los casos, ¿qué podría ocurrir? Escríbelo todo y después, reléelo todo. ¿Qué probabilidades reales existen de que tus temores se verifiquen? Seguramente te percatarás de que estás exagerando las consecuencias del cambio. En tu mente has creado toda una película que sin dudas es atemorizante pero muy improbable.

2. Respira. Cuando estamos estresados, asustados o ansiosos nuestra respiración tiende a hacerse más entrecortada. Por eso, si te sientes particularmente ansioso, toma un buen respiro, cuenta hasta 6 mientras inspiras y hasta 8 mientras expiras. Repítelo al menos unas diez veces. Verás que al terminar te sentirás mucho más relajado.

3. Haz ejercicio con regularidad. Caminar o correr son ejercicios excelentes para quien padece de ansiedad, sobre todo si eliges un paisaje verde y relajante como telón de fondo. Las hormonas que se liberan durante el ejercicio físico no solo te permitirán sentirte más relajado sino también más feliz. Cuando te sientas particularmente ansioso, simplemente emprende un paseo a paso rápido entre los árboles o junto a la playa.

4. Busca tus recuerdos positivos. Cuando te sientes ansioso normalmente es porque te concentras en situaciones futuras que podrían desestabilizarte. Una excelente forma para manejar la ansiedad es mirar hacia el pasado recordando situaciones en las cuales nos sentíamos protegidos y contentos.

5. Evita los estimulantes. Mientras dure el periodo de transición correspondiente al cambio, evita consumir los estimulantes del sistema nervioso como el café, la coca cola, las bebidas energéticas y el cigarro. De esta forma te sentirás más relajado.

Recuerda que el cambio nos asusta porque lo vemos como un enorme “todo” amenazante pero si lo divides en pequeños pasos te percatarás que no es para tanto.