lunes, 24 de septiembre de 2012

¿Odias los lunes? Quizás no tanto como supones



Cuando el fin de semana se termina y tenemos ante nosotros una larga semana de trabajo, no es extraño comprender por qué la mayoría odia los lunes. Sin embargo, un curiosísimo estudio realizado en los Estados Unidos nos brinda una nueva perspectiva sobre el lunes al afirmar que realmente no se trata del día más odiado de la semana.

En este investigación se entrevistaron por teléfono a más de 340.000 ciudadanos de los Estados Unidos y una de las preguntas realizadas versó sobre su estado de ánimo del día anterior. Simplemente, se les pidió que respondiesen con un "sí” o un “no" a cuestiones como: si habían sentido placer o felicidad durante una gran parte del día o si, al contrario, se habían sentido preocupados, tristes, estresados o irritados.

Así, surgió un patrón muy claro: las personas reportaron un estado de ánimo mucho más positivo los sábados y los domingos. Y esta tendencia se apreció lo mismo si las personas tenían pareja o no y con independencia de su género.

No obstante, también se apreció una mejoría del estado de ánimo durante los viernes. En fin, es el día que antecede al descanso y la sola idea de ello basta para alegrarnos la jornada, aún si tenemos que trabajar.

Sin embargo, también se apreció que los lunes no son tan odiados ni nos sentimos tan mal como creemos (obviamente, si les comparamos con los martes, los miércoles y los jueves). Los investigadores piensan que la creencia de que el lunes es el día más odiado de la semana realmente descansa en la contraposición entre el lunes y el domingo. Es algo así como si después de meter la mano en agua bien fría, la metiésemos en agua caliente.

De esta forma, el martes, el miércoles y el jueves siguen siendo días igualmente detestados solo que no nos percatamos de ello ya que el patrón de comparación que tenemos es el día anterior. En resumen, que se trata tan solo de un efecto que percibimos como resultado de una comparación donde los extremos nos brindan un resultado desproporcionado.

Desafortunadamente, esta investigación también nos demuestra que hay muchas personas que no están contentas con su trabajo, caso contrario, no experimentarían tal sensación.

Fuente:
Stone, S.; Schneider, S. & Harter, J. K. (2012) Day-of-week mood patterns in the United States: On the existence of ‘Blue Monday’, ‘Thank God it's Friday’ and weekend effects. Journal of Positive Psychology; 7(4): 306-314.

Rincón de la Psicología
Escrito por Jennifer

jueves, 13 de septiembre de 2012













¿En cuántas ocasiones te has leído un libro de Autoayuda o de Productividad Personal y has pensando que tu vida iba a cambiar por completo pero después no sucedió nada? ¿Por qué tienes las mejores intenciones de ser más productivo, competente, mejor persona… pero no lo logras? Probablemente porque se te ha escapado un aspecto fundamental: concretar.

Sí, somos muy buenos asumiendo la teoría pero somos “menos buenos” poniendo en práctica los cambios. Nos quedamos en la fase del deseo y la intención pero no somos capaces de concretar el cómo. En fin, nuestra motivaciones se quedan rondando en la estratósfera sin concretarse en hechos que realmente nos ayuden a cambiar.

Afortunadamente, el primer paso para solucionar este problema es darse cuenta de que estamos atascados a medio camino entre nuestras intenciones y las posibilidades reales de llevarlas a la práctica.

Una vez que concientices que toda la información que has leído resulta muy interesante pero que no te ha llevado a ningún sitio, sería el momento de pensar cómo esa teoría se puede aplicar a tu caso. Ha llegado el momento de concretar.

En este sentido, el aspecto más importante es que cambies tu forma de enfrentar las tareas. Es muy diferente decir: “Yo quiero ser productivo” que afirmar: “Terminaré ahora mismo el proyecto que tengo desde hace semanas olvidado en el cajón”.

De la misma forma, no vale de nada que reconozcas que algunos hábitos te hacen mal si no tomas medidas para cambiarlos. Por ejemplo, es muy diferente decir: “Cuando navego por Internet se me escapa el tiempo” a afirmar: “En esta ocasión utilizaré una alarma que me permitirá regular el tiempo que paso navegando”.

Son ejemplos muy sencillos pero que hacen llegar el mensaje de una manera muy clara: detrás de una transformación no solo debe existir el deseo sino también la voluntad de cambiar y buscar las estrategias para lograrlo.

Recuerda que no existen varitas mágicas ni recetas milagrosas que se apliquen a todos. Cada consejo que leas es tan solo un lineamiento del cual deberás extraer tu propia enseñanza y buscar la mejor manera para aplicarlo.

Me gusta pensar en cada persona como si fuese un gran árbol. De seguro no le pedirías peras al olmo pero si realizas un injerto podrías obtener manzanas con sabor a pera o quizás limones dulces. Esto significa que debemos asumir aquellos consejos que realmente se pueden aplicar a nuestro caso, aplicar todas las técnicas que tengamos a mano y, por último, tener paciencia para ver el cambio.

Escrito por Jennifer Temática: Desarrollo Personal

Twitter: ¿Cómo lograr que tu historia se difunda?



Twitter es una herramienta fantástica no solo para hacer nuevos amigos sino también para promover las empresas y las ideas. De hecho, se conoce que es la red social más usada por los líderes mundiales y que una empresa puede alcanzar a través de ella hasta un 50% más de clientes potenciales. Sin embargo, quien haya utilizado Twitter también sabe lo fácil que resulta que una historia o enlace pasen desapercibidos ya que esta herramienta mueve un flujo constante de información. Entonces… ¿cómo lograr que tu historia o idea se difunda a través de Twitter?

Dan Zarella ha realizado un informe muy interesante denominado “The Science of ReTweets” donde compara una serie de tweets escritos al azar y el número de veces que se han compartido. Así, analizó nada menos y nada más que 10 millones de tweets y otros 40 millones que fueron reenviados.

Estas son las conclusiones:

- Los tweets que contienen enlaces tienen 4 veces más posibilidades de ser compartidos.

- Algunas palabras son más atractivas que otras:

En este sentido, podemos extraer algunas conclusiones. La primera nos indica que cuando los mensajes se dirigen directamente a las personas (inclusión del “tú”) tienen más probabilidades de ser compartidos. La segunda nos indica que los contenidos virales continúan siendo atractivos (lo apreciamos a través de las palabras como “top 10” o el “cómo”). Finalmente, también podrás apreciar que un apelo a la generosidad de los otros es una estrategia para no desechar (se aprecia a través de palabras como “por favor” o “retweet” que son un apelo a compartir la historia).

Justo en el extremo opuesto encontramos que algunas palabras son menos atractivas y, por ende, los mensajes que las contengan no tendrán grandes posibilidades de ser compartidos. Tal es el caso de:

Como de seguro habrás notado, estas palabras indican estados; es decir, actividades cotidianas que las personas realizan como irse a la cama o indicar estados de ánimo. Obviamente, estos mensajes no resultan interesantes por lo que probablemente no serán compartidos.

- Los contenidos con palabras más largas (que indican una mayor complejidad y nivel educativo) son los más compartidos.

- El contenido del tweet es novedoso.

- Los tweets más compartidos contienen más adverbios y tiempos verbales. Los adjetivos parecen resultar poco atractivos, al igual que el uso del “nosotros”.

- Los tweets más reenviados incluyen más signos de puntuación, dentro de ellos se encuentran: los dos puntos, el punto y el signo de exclamación. Eso sí, el punto y coma parece ser evitado como la peste.

Sin embargo, este no ha sido el único estudio que se ha realizado sobre los tweets. Un grupo de científicos de Palo Alto Research Center analizaron 1,77 millones de tweets seleccionados al azar enviados durante un día así como otros 73,9 millones de tweets que fueron enviados durante el periodo de 2 meses.

La primera conclusión que saltó a la vista fue que de los 1,77 millones de tweets, solo un 14% de eran retweets (unos 212 mil). Esto nos da la idea de lo difícil que es difundir una historia o idea a través de esta red social.

Un segundo descubrimiento mostró que el 2,2% de los mensajes habían logrado ser reenviados al menos una vez pero ninguno se compartió más de 20 veces. Esto refuerza la idea de que la probabilidad de ser re-tuiteado es bastante baja.

En este estudio también se apreció que los tweets con un hashtag (los famosos temas que no son más que una cadena de caracteres precedida por un signo de “#”) tienen el doble de posibilidades de ser compartidos.


Fuentes:
Suh, B.; Hong, L.; Pirolli, P. & Chi, E. H. (2010) Want to be Retweeted? Large Scale Analytics on Factors Impacting Retweet in Twitter Network. Proceeding SocialCom ’10. Second International Conference on Social Computing; 177-184.
Zarella, D. (2009) The science of ReTweets. En: Dan Zarella.

Escrito por Jennifer 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Psicosis colectiva

Histeria colectiva, descontrol psíquico en masa. ¿qué puede ocurrir para provocar la histeria colectiva?

La histeria colectiva o miedo irracional de una masa de personas, ha causado hechos sorprendentes y a menudo trágicos.

Ejemplos de histeria colectiva son: el pánico producido por la emisión radiofónica de la Guerra de los Mundos de H.G Wells en 1938, la caza de brujas en Salem en 1692, la tragedia el estadio Nacional de Lima en 1964 o el caso del los caníbales del pueblo de Hautefaye en 1870.

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¿Qué produce la histeria colectiva?

En los sucesos acaecidos en Japón, sorprenden al mundo la disciplina y calma con la que se conducen los japoneses. Guardan colas de forma ordenada, no hay saqueos y todo el pueblo japonés parece parte de un mecanismo de relojería en el que cada cual hace lo que las autoridades le aconsejan.

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En muchos otros lugares del mundo no es así, ante una catástrofe el pánico y la histeria se apodera de la población. La histeria puede causar a veces más heridos y muertes que el suceso que la provoca, la gente con tal de sobrevivir puede llegar a empujar incluso pisar a otras personas sin pensar lo que hace.

En el programa Cuarto Milenio de Iker Jiménez abordan el caso, el Dr. José Cabrerapsiquiatra forense comenta sobre la histeria colectiva.

Una masa de personas corriendo sin sentido hacia un objetivo es incontrolable. Una masa de personas puede llegar a derrocar un gobierno, tomar la bastilla, o linchar a alguien. Lo que subyace a estos sucesos es la perdida del pensamiento único del individuo que se deja llevar por la masa y actúa imitando lo que otros sujetos de esa masa hacen.


El Dr. José Cabrera explica como en la biología existen ejemplos, como en las enormes bandadas de pájaros la bandada gira y todos los pájaros giran al unísono, se pierde la individualidad.

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Si en un cine, una persona grita “fuego” , sin sentido, de forma automática la gente tiende a huir sin siquiera comprobar por propio sentido de supervivencia, si al huir arroyo a la persona que tengo al lado ni me detengo porque es en mi supervivencia en lo que pienso.

Cuando la histeria se convierte en violencia colectiva

Un suceso conocido de histeria colectiva combinada con violencia sucedió en el Estadio Nacional de Lima en 1964 donde murieron 320 personas, la violencia se trasladó incluso fuera del estadio. La Tragedia de Hesse en 1985 es otro de los casos donde la histeria se combina con la violencia hubo 39 víctimas y numerosos heridos.

El caso del pueblo de Houtefaye en 1870 es un ejemplo de histeria con violencia colectiva. Houtefaye es un pueblo de la Borgoña que tiene una historia escalofriante.




Los antecedentes
Estamos en 1870 en plena guerra con Prusia. El alcalde de un pueblo vecinoAlain de Manéys conocido por todos por su generosidad, acude a la feria del pueblo cercano, Houtefaye. El pueblo solo tiene 45 personas, pero debido a la feria en el pueblo hay unas 700 personas.
La guerra ha generado aún más miseria, hambre y los ánimos están agitados. Los republicanos son odiados en la zona. En el periódico sale la foto de un espía, Alain de Monéys (el alcalde de una pueblo vecino), es confundido en Houtefaye con un espía republicano de Prusia. Alain es insultado, vejado, torturado. El párroco trata de disuadirles, les convoca a la iglesia para tomar algo de vino. Poco después la masa ata Alain de Monéys en un palo, le queman vivo para luego comérselo.







Adultos y niños participaron en la barbarie. Hubo personas que le acuchillaron que incluso minutos antes habían estado hablando tranquilamente con Alain de Monéys. Al día siguiente no recordaban nada y no podían creer lo que habían hecho.

El escritor Jean Teulé autor del libro “Los caníbales” sobre los sucesos del pueblo de Hautefaye en 1870, tiene una hipótesis:

En la zona del Perigord en aquel entonces se tomaba un vino fabricados con uvas Noa o Noah (prohibido en Francia desde 1935). Las cepas de uvas se infectaron de filoxera, hecho históricamente documentado.

Ese vino de uvas Noah infectadas de filoxera, enloquecía a la gente, Jean Teulé comenta que sería como cocaína líquida. El vino, la guerra y el odio al supuesto espía republicano fueron la chispa de este macabro crimen.

El Dr José Cabrera psiquiatra forense, comenta como cuando la masa está obnubilada, no piensa, personas que minutos antes habían hablado con Alain de Monéys, poco después le atacaban. Le conocían pero estaban “ciegos” de violencia. Es la llamada ceguera psíquica producto de la histeria. Existe un odio tan grande que obnubila la mente.

La histeria colectiva se puede disparar, por miedos irracionales, seguir de forma ciega a un líder, ante hechos o creencias sobrenaturales. Un ejemplo de esto el trastorno Koro conocido en zonas de China y Malasia.

Fuente: De Psicología

miércoles, 5 de septiembre de 2012

7 Things McDonald’s Knows About Your Brain



The fast food industry can read your mind.
Published on August 8, 2011 by Joshua Gowin, Ph.D. in You, Illuminated


When McDonald's began advertising its $1 menu featuring the Big N' Tasty burger, some franchise owners were forced to sell them at a net loss; the popular item cost $1.07 to make.  How could they afford to do this?  Because McDonald's already knew you were going to buy fries and a Coke—products with big profit margins.  It costs pennies to fill up a large drink, but you're charged more than a buck  for it.  This is a great deal for them and not such a great deal for us, but we can't help ourselves, because sugar lights up our brain's reward pathway.

Many recent neuroscience discoveries about food's effects on our brains and how we make decisions about food are actually gold-standard trade secrets from super chains such as McDonald's. With billions and billions served, they must be on to something.


1.  Addictive properties of sugar

Nearly everything on McDonald's menu contains some sugar, from the drinks to the ketchup to the hamburger buns and fries.  McDonald's knows that most people are going to shell out an extra dollar for a soft drink because sugar is addictive.  Just as you can develop a physiological and psychological dependence on cocaine, you can become dependent on sugar.

Recent experiments have shown that sugar offers the hallmarks of addiction: bingeing, withdrawal and craving.   Researchers kept rats from eating for 12 hours, then gave them unlimited access to food and sugar water for a brief period, and then took the food and sugar away again.  They repeated this schedule for a few weeks.  The rats formed a cycle of bingeing when given access to sugar, and over time they increased their intake to twice the amount from when they started.  When the researchers stopped offering sugar or gave the rats an opioid blocker, which prevents the high by blocking some of the pleasurable effects in the brain, the rats showed signs of withdrawal, such as teeth-chattering and body tremors.

McDonald's recently added new menu items, including McCafe fruit smoothies, which pack in more sugar per serving than Coca-Cola.  With that much sugar, McDonald's slogan is probably right: we're lovin' it.

2.  The push of convenience

The fact that you can go to almost any city in the country and find a McDonald's within five minutes of driving contributes to the likelihood of compulsive eating.  Similarly, recent epidemics of addiction to cocaine and heroin have accompanied increased availability and affordability of these drugs.

Part of the reason that convenience sways us so much is that we have a limited amount of impulse control.  Some of us are better at resisting temptation, while some are more likely to give in.  Dopamine activity in your nucleus accumbens, the brain's reward center, can disrupt your brain's decision making ability by interfering with your prefrontal cortex, the brain's impulse control region.

Dopamine has five unique types of receptors, numbered 1-5, but dopamine2 (D2) receptors seem to be most important for compulsive eating.  Imaging studies show that for obese participants, fewer D2 receptors correspond to higher body-mass index.  With fewer D2 receptors, they're more likely to eat compulsively; it becomes even harder to resist super-sizing their meal.

3.  The brain's economy and the Value Meal

Low prices minimize the pain associated with parting with your hard-earned money.  Decisions become difficult when two opposing forces try to sway you, in this case, spending money versus eating.  The brain weights the costs and benefits of a decision in a region called the orbitofrontal cortex.  Brain-imaging has shown that losing money can cause your brain to experience the same pattern of activity as when you stub your toe.  Losing money hurts.  Yet McDonald's manages to sidestep this problem by pricing a sandwich cheaper than the Sunday newspaper (which helps make up for the pain of your $40 filet mignon the night before).  At McDonald's, you get the rewarding meal without the pain of losing money.  They make the decision easy for your brain.

4.  Our brains prefer high-calorie foods

As suggested by Jonah Lehrer in "The Frontal Cortex," our brains evolved during a time when food was scarce, so we became adept at choosing foods that packed calories.

In one recent experiment, scientists used genetically engineered mice that were missing sugar receptors and therefore unable to detect sweetness in food.  The researchers then gave the mice free access to two water dispensers, one with sugar water and one with regular water.  Initially, the mice showed no preference; sugar water tasted just like regular water.   However, after several hours, the mice shifted to drinking almost exclusively from the sugar water dispenser.  To ensure that the mice preferred the calories, but could not detect the taste, the researchers offered them water sweetened with sucralose (e.g. Splenda).  The mice didn't take it.

When the scientists analyzed the mice brains, they found that the mice released dopamine in response to sugar water, even though they couldn't taste it, but not in response to regular water or sucralose.  Our brains can tell the difference between high calorie foods and diet foods even if they taste the same.

5.  Addictive properties of speed

Drugs have a hierarchy of addictive potential based on the speed that they reach your brain.   Pills have to be swallowed, broken down in the stomach, pushed into the digestive tract and then absorbed into the blood stream before they can reach your brain.  The reward you experience comes relatively long after you take the drug.  Heroin skips the lag time; injecting it directly into your bloodstream sends it to your brain within seconds.  The closer you can pair a stimulus with a reward, the stronger the association will be.

Similarly, fast food provides a quick fix for hunger.  You don't even have to get out of your car to pick up a Big Mac.  You place your order at the drive-thru and within two minutes you can take the first bite as you drive home.  You can hardly get a pan hot enough to fry in that time.  The sooner you have the burger in hand, the sooner it can trigger the release of the cocktail of rewarding chemicals in your brain.

6.  Brains like branding

Just as Pavlov was able to get a dog to salivate at the sound of a bell, McDonald's gets your juices flowing anytime you hear their jingle.  Pavlov showed that if he rang a bell before giving food to a dog, eventually the bell itself would whet its appetite.

Across the nation, McDonald's provides a consistent experience every time you enter its doors.  The employees recite a scripted greeting, the menu looks the same, and the same images and logos are posted on the walls.   The more consistent the experience, the more strongly your brain associates the Golden Arches with the meal that follows.

The brain's reward chemical is dopamine, a molecule that's released when you experience something you enjoy.  However, one of the brilliant aspects of the brain is its ability to learn and make predictions about the world based on past experiences.  When the brain learns that a certain cue is associated with a reward, dopamine neurons learn to fire whenever the cue appears, even before the reward is given.   Dopamine does more than simply reward you; it also motivates you to seek the pleasure again.  As soon as you see the cue, your brain begins to anticipate the reward.  The anticipation is part of the pleasure.  Would you like fries with that?

7.  McNuggets stoke your memory

In a recent study, researchers gave children chicken nuggets in an unmarked container or in McNuggets packaging.  Not surprisingly, kids preferred the ones that resembled a Happy Meal.  Neuroscience research has shown that a big part of the pleasure of eating stems from memories tied to the food, not taste alone.

Phychology Today