martes, 26 de febrero de 2013

El peligroso juego de la culpabilidad




Uno de los pasatiempos humanos más destructivos es la culpabilidad. A lo largo del tiempo ha sido la causa de guerras, actos deleznables y, por supuesto, de muchísimas frustraciones humanas. El juego de la culpabilidad es muy sencillo y tiene una única regla: culpar a los otros de cualquier evento indeseable.

En la base de esta forma de comprender el mundo se esconden tres creencias bastante irracionales:

  1. Si algo ha ido o puede ir mal, se debe identificar a alguien (que no sea yo) para que cargue con la responsabilidad.
  2. La persona que ha causado el problema no se merece nuestro respeto (incluso si nosotros mismos le hemos imputado los cargos). Por ende, se puede ignorar o incluso, en casos extremos, llegar a la violencia verbal o física.
  3. Yo no aceptaré ninguna cuota de responsabilidad por la situación. Jamás admitiré ninguna culpa y no merezco ningún tipo de trato denigrante por parte de los demás.

Vistas desde esta perspectiva, no es difícil darse cuenta de que estas creencias son completamente falsas pero si ponemos un ejemplo, veremos cómo gobiernan nuestras ideas y formas de comprender la realidad que nos rodea.

En la actualidad, debido a la crisis económica que está atravesando Europa, cada vez más personas se quedan sin trabajo y ven cómo sus derechos sociales se reducen. Si aplicamos las tres creencias anteriores, lo más lógico sería buscar a un culpable. Algunos culpan a los bancos, otros a los extranjeros y un tercer grupo pone la responsabilidad en los políticos. Una vez más, vemos que cualquier chivo expiatorio es válido con tal de no asumir nuestras propias cuotas de responsabilidad.

Y lo peor de todo, es que en algunos países ya se aplica la violencia física contra los “chivos expiatorios” (casi siempre sobre los extranjeros porque por el momento los banqueros y políticos son intocables), simplemente porque pensamos que no tienen derecho puesto que son los causantes de nuestra situación.

Obviamente, no estoy diciendo que estas figuras no tengan sus cuotas de responsabilidad en la crisis económica (porque todos la tenemos) sino que un pensamiento de este tipo, solo fomenta el odio, no nos convierte en mejores personas y, sobre todo, no resuelve de una vez y por todas los problemas reales, simplemente porque no vamos a las raíces de los mismos.

Este juego de culpabilidad también se aplica en las relaciones de pareja, sobre todo cuando hay una infidelidad por medio. Es obvio que quien cometió la infidelidad tiene una cuota de responsabilidad más alta pero eso no exime al “traicionado” de su propia dosis de responsabilidad en el quiebre de la relación.

¿Cómo cambiar el estado de las cosas?

En primer lugar, debemos concientizar que las tres creencias mencionadas anteriormente son del todo inciertas. Por ejemplo, no siempre hay a quien culpar cuando sucede un evento negativo, o al menos no existe una persona física o un grupo social determinado. Como ya he dicho, a veces la responsabilidad se diluye entre todos por lo que no siempre es constructivo buscar un chivo expiatorio, incluso si esto nos hace sentir bien. Debemos tener en cuenta que las personas nos sentimos cómodas cuando existe una imagen a quien responsabilizar pero esto no significa que sea la manera más inteligente de actuar o comprender el mundo.

La segunda creencia se refiere a nuestra tendencia a desestimar las necesidades y derechos del culpabilizado. Sin embargo, a veces las personas hacen cosas malas con buenas intenciones. No debemos equiparar un comportamiento erróneo con una persona “mala”. Por ejemplo, el hecho de que alguien saque malas notas en matemática no significa que sea “tonto” sino tan solo que no tiene habilidades en esta materia pero puede ser brillante en otros campos.

La tercera creencia es probablemente la más difícil de erradicar ya que se trata de aceptar nuestra cuota de responsabilidad en un evento negativo. Algo que nos hará sentir incómodos y que, por naturaleza, tendemos a rechazar. Sin embargo, la próxima vez que intentes culpar a otro, detente un segundo y pregúntate cuál es tu propia cuota de responsabilidad. No se trata de un acto masoquista sino de una forma de pensamiento madura donde aceptamos nuestros errores y trabajamos para no repetirlos.

Escrito por Jennifer Temática: Desarrollo Personal Psicología Social

miércoles, 13 de febrero de 2013

Planificación inteligente: ¿Cómo hacer más con menos esfuerzo?




Muchas personas piensan que planificar las tareas que deben hacer el día próximo o la semana siguiente es algo completamente inútil, una perdida de tiempo. Estas personas suelen mantener todas las tareas en su mente y por eso, en muchas ocasiones, al terminar la jornada laboral o la semana de trabajo, se dan cuenta de que no alcanzaron algunos de los objetivos. En realidad, programar el trabajo es casi tan importante como realizarlo.

Existen otras personas que comprenden la importancia de la planificación pero asumen esta actividad en el sentido más restringido del término. Son esos para quienes planificar un viaje significa comprar los billetes con antelación y reservar el coche a través de una agencia online.

No obstante, planificar no es solo decidir qué vas a hacer y cuándo lo vas a hacer sino que también implica comprender la actividad y prepararte para enfrentarla. Se trata de una planificación inteligente. Retomando el ejemplo del viaje, la planificación inteligente incluiría posibles rutas turísticas cuando llegues a la ciudad y también planes de emergencia en el caso de que algo anduviese mal.

La planificación inteligente nos permite hacer más en menos tiempo y, lo que es aún más importante, realizando un esfuerzo menor.

Los pasos fundamentales para realizar una planificación inteligente serían:

  1. Darle un orden de prioridad a las actividades. A lo largo del día debemos hacer muchísimas cosas pero no todas son imprescindibles y ni siquiera importante. Revisa tu agenda, elimina todas aquellas tareas que solo implican una pérdida de tiempo y reorganiza las actividades realmente importantes.
  2. Determinar cuándo es el momento más adecuado de realizar las tareas. Cada persona tiene algunas horas del día en la cual es más productivo. Son esas horas en que tenemos la mente más lúcida y en las cuales somos más creativos. Por ende, organiza tu agenda de manera que las actividades importantes coincidan con estos momentos del día. Las tareas menos importantes, como ir al supermercado, responder al correo electrónico o leer la prensa, se pueden realizar en las horas donde nuestra productividad disminuye.
  3. Anticiparse a los problemas. La flexibilidad para cambiar y la posibilidad de anticipar las dificultades son esenciales para la productividad cotidiana. No siempre podemos seguir la planificación al pie de la letra, en ese caso, necesitamos tener un plan emergente que nos permita reorganizar las actividades adaptándolas a las nuevas exigencias. Por ejemplo, ¿en cuántas ocasiones has pensado en terminar diferentes tareas pero te has visto interrumpido por una vorágine de trabajo externa? En esos casos, siempre es bueno tener un plan de escape que te ayude a ser productivo, incluso si no estás realizando las tareas que tenías planificadas.
  4. Planificar a la baja. No sobrecargues el día intentando hacer mil cosas. Ten en cuenta que habrá varios imprevistos y probablemente algunos de ellos sean urgentes. Lo ideal es elaborar una lista de tareas menos ambiciosa, si el día va bien, siempre podrás encontrar lugar para hacer más, si no, estarás satisfecho ya que cumpliste con el plan que tenías previsto.
  5. Empezar el día con una tarea importante pero pequeña. La primera tarea normalmente marca el ritmo y el éxito del día. A veces, cuando la primera tarea sale mal, se nos arruina el día, empeora nuestro humor y la productividad se ve afectada. Por ende, comprende la primera actividad como un incentivo y no elijas una tarea demasiado compleja.

Escrito por Jennifer Temática: Desarrollo Personal

viernes, 8 de febrero de 2013

¿Tener un iPod nos hace felices?




A estas alturas el fenómeno Apple no es un secreto para nadie. Esta marca lanza sus nuevos productos al mercado y vuelan como si fuesen dulces delante de una escuela. Incluso hay personas que pasan toda una noche delante de sus tiendas para ser los primeros en comprar sus productos.

Por eso no es extraño que los psicólogos se hayan interesado en los clientes habituales de Apple y se hayan preguntado si, por ejemplo, tener un iPod los hace realmente felices.

Para responder a esta pregunta investigadores de la Universidad de Swansea reclutaron a 241 personas, la mayoría con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. El objetivo era evaluar la satisfacción que sentían respecto a sus reproductores de música.

El 70% de los participantes tenía un iPod y el resto tenía reproductores de otras marcas. A cada uno se les preguntó, entre otras cosas, cuánto les gustaba el diseño de su reproductor de música, si juzgaban a las otras personas por los reproductores que llevaban, si sentían un vínculo con personas que usaban su misma marca de reproductor y si se sentían a la moda con su reproductor. Obviamente, también se evaluó el nivel de satisfacción para con la vida que llevaban.

Los resultados mostraron una tendencia muy interesante. Entre las personas que poseían un reproductor de una marca diferente a Apple, el nivel de satisfacción con la vida no estaba relacionado con la marca. Sin embargo, entre quienes poseían un iPod, el nivel de satisfacción si guardaba relación con la marca.

Estos resultados son coherentes con la teoría que Ruseel Belk propuso en la década de los ’80 según la cual consideramos algunas de nuestras posesiones como una extensión de nosotros mismos. Si a esto le sumamos que para las personas jóvenes la música desempeña un papel importante ya que es una expresión de su identidad, podremos comprender por qué tener un iPod se relaciona con su nivel de felicidad.

En el estudio también se apreció que quienes tenían un iPod solían pasar más tiempo escuchando música, consideraban que su reproductor les ayudaba a enfrentar las tareas aburridas y pensaban que estaban a la moda.

Obviamente, este estudio posee numerosos errores metodológicos ya que existieron diferentes variables que no fueron controladas. Además, no responde del todo a la pregunta que se plantearon al inicio: ¿puede un iPod hacernos felices?

En realidad, ya se ha demostrado que la felicidad que proviene de los objetos no suele ser duradera. Es decir, cuando compramos el objeto y este representa una novedad, nos sentimos felices pero apenas nos acostumbramos a su uso, esta felicidad desaparece.

Sin embargo, en el caso de los productos de Apple, la campaña publicitaria que se ha realizado para lanzarlos al mercado, los ha convertido en objetos de deseo que representan un estatus social e indican que su propietario está a la moda. Por eso muchos propietarios de iPhone, iPad o iPod afirman que sienten una conexión especial con otras personas que poseen los mismos productos.

Obviamente, no debemos confundir la felicidad con la satisfacción que brinda el uso de un producto. El hecho de que una persona crea que pertenece a un grupo restringido o que está a la moda, no implica necesariamente que sea más feliz.

Enlace: Rincón de la Psicología
Escrito por Jennifer Temática: TecnologíaFuente: Cockrill, A. (2012) Does an iPod make you happy? An exploration of the effects of iPod ownership on life satisfaction. Journal of Consumer Behaviour; 11 (5): 406-414.

miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Cómo tener una navegación segura por Internet?



El día de hoy se celebra el Día del Internet Seguro, que tiene como finalidad hacer de la red una herramienta más amigable, especialmente para los niños. Para conmemorarlo, diversas compañías sugieren tips para tener Internet más seguro.

Empresas como Norton, Microsoft o Kaspersky dieron algunas cifras relacionadas con fraudes y otras operaciones ilegales que perjudican a muchos usuarios del mundo; también se proporcionaron algunas medidas para evitar ser afectado por los ataques cibernéticos.

Kaspersky Labs dice que al día se detectan 200 mil muestras de malware, junto con 500 páginas web comprometidas por ataques cibernéticos, incluyendo sitios bancarios y tiendas en línea; también dice que existen 1,000 programas maliciosos para móviles detectados por día.

Norton reporta que de cada cinco cibernautas adultos en México, uno ha sido afectado por un delito informático, ya sea por medio de redes sociales o telefonía móvil. A nivel mundial, Microsoft afirma que 55% de encuestados experimentan riesgos en Internet (sobre una base de 10 mil encuestados), y que sólo 16% toma precauciones para evitar problemas.

Las principales medidas de seguridad que estas empresas mencionan son:
  • No realizar pagos bancarios, compras o similares en computadoras, dispositivos móviles o redes públicas
  • Estar al tanto de los snoops, que son las personas que observan los dígitos o letras presionados al escribir una contraseña.
  • Verificar la autenticidad de una página web por medio del verificador de identidad, que suele aparecer como un candado o llave a un lado de la barra de direcciones
  • Tener cuidado con los archivos compartidos, pues al recibirlos se puede dar paso a un virus que esté oculto en ellos. Nunca abrir archivos de direcciones o personas desconocidas
  • Dar a los menores de edad información del uso de Internet, prevención de ciberbullying y siempre dejar la figura de los padres como alguien a quien se les puede contar cualquier problema
  • Descargar cualquier tipo de archivo multimedia desde sitios de confianza
  • Tener instalada alguna solución de seguridad en todos los dispositivos conectados a una red
Desde 2004, la organización Insafe lleva a cabo el Día del Internet Seguro. A partir de 2009, se han invertido más de 74 millones de dólares en el combate del contenido ilegal y comportamiento dañino en la web, como es el bullying.

Referencia: Safe Internet, Microsoft, Norton, Kaspersky Labs