miércoles, 27 de marzo de 2013

Resiliencia. Existen factores que facilitan o dificultan la superación de la adversidad

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una infancia infeliz no conduce necesariamente a toda una vida desdichada, ni una infancia feliz a un desarrollo saludable

Desde el modelo mecánico, el término resiliencia hace referencia a la resistencia y adaptabilidad de los materiales cuando son sometidos a ciertas fuerzas. A su vez, el material puede poseer una potencial capacidad o energía de recuperación tal que, el objeto puede no ser deformado a pesar de las presiones a las que ha sido sometido.

La resiliencia en el ámbito de la psicología refiere la capacidad de los seres humanos para soportar y resistir eventos adversos, junto con la superación de los mismos.

Desde un punto de vista antropológico, el traslado de este término al ámbito psicológico, no se califica como excelentemente bueno. ¿Cuál es la intensidad total que una fuerza puede alcanzar hasta deformar el objeto? Cuando la fuerza sobrepasa determinados límites, el objeto se deforma, explota e incluso puede ser destruido. En el ámbito de la persona, ¿Cuándo y porqué llega esa destrucción o incapacidad de superación?, ¿qué diferencia a unas personas de otras?

Un dato importante y a tener en cuenta es que no todas las personas poseen la misma capacidad de enfrentar conflictos. Mientras unos parecen salir airosos y con una experiencia de superación y maduración personal, otros quedan estancados en la adversidad o cronicidad patológica surgida. Atender todos los factores que permiten la consolidación de una persona capaz de superar o no las dificultades, es introducirse en un campo carente de límites.

En la actualidad, cada vez es más común exponer la resiliencia como esa capacidad intrínseca que permite la superación pero sin embargo, no suelen exponerse aquellos múltiples factores condicionantes de la consecución o no del objetivo.

En el proceso de recuperación de la persona han de distinguirse diferentes dimensiones. Los factores cognitivos del individuo son de vital importancia.

¿Qué tipo de elaboración cognitiva tiene el sujeto?
¿En que lugar sitúa su “locus de control”?
¿Es una persona reflexiva o impulsiva?
¿Cual es la elaboración afectiva que hace de la adversidad?
¿Cuáles fueron sus estilos de apego durante su infancia?
¿Qué umbral de sensibilidad al sufrimiento posee?

La persona es un ser contextual. El individuo vive inevitablemente en un entorno, y por tanto los factores psicosociales o variables contextuales condicionan e influyen en la persona.

¿Tiene el individuo una red de apoyo válida?
¿Consta de habilidades sociales o cooperativas?

Cuando encontramos a una persona poco resiliente, el principal factor a estudiar será su entorno familiar. Además, es necesario conocer que la procedencia de familias desestructuradas, los traumas vividos, la escolarización deficiente o los estados de ansiedad crónicos, entre otros muchos aspectos, son considerados factores negativos que van a implicar la disminución de resistencia de la resiliencia humana.

Por otra parte, el establecimiento de un vínculo adecuado, una correcta autoestima, el buen humor, el optimismo e incluso la espiritualidad, son factores positivos que necesariamente van a facilitar y permitir el fortalecimiento de la propia persona.

Sin embargo, una infancia infeliz no conduce necesariamente a toda una vida infeliz, y una infancia feliz no lleva necesariamente siempre a un desarrollo saludable. Es decir, independientemente de la existencia de factores externos que puedan dañar a la persona o dificultar su proceso de superación, existe la capacidad personal de abordar y sobreponerse a los padecimientos cuando se ponen en marcha mecanismos adecuados. En palabras del Dr. Boris Cyrulnik, psiquiatra y etólogo francés: "la felicidad existe únicamente en la representación mental, por lo tanto es siempre fruto de la elaboración. Es algo a trabajar. Y ella se construye en el encuentro con el otro".

Aquilino Polaino, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense, en su ponencia, Resiliencia, tenacidad y fractura, expuesta en la I Jornada de Antropología y Psicología Clínica realizada en la Universidad CEU San Pablo el pasado 15 de Marzo de 2013, destacó las creencias como factor positivo de gran influencia y en sus propias palabras afirma: “en muchos trastornos psicopatológicos, cuando una persona es coherente con lo que cree, el 30 % de su enfermedad ya ha sido superada”.

¿Es posible un comportamiento resiliente sin fortaleza?
 
 La palabra fortaleza proviene del latín “fortis” + eza, que significa cualidad, estado. Se trata de “la virtud que invita o enardece el apetito irascible, o que se irrita fácilmente, influyendo en la voluntad para que la persona no desista o renuncie en conseguir el bien arduo o difícil, ni siquiera por el máximo peligro”. En un sentido aristotélico, la fortaleza es un hábito moral que incluye dos aspectos: firmeza y estabilidad. No se trata sólo de resistir el impacto, sino en alcanzar un bien.

La fortaleza no se agota en resistir, sino en colocar y conseguir metas “sometidas a la recta razón”, y conservando el bien, porque este mismo puede desaparecer y convertirse en mal. Se trata de la capacidad de respuesta para hacer siempre algún bien, permanecer en él aun cuando los problemas y dificultades se presenten.

Por ello, fortaleza y resiliencia son dos aspectos que han de ir relacionados también en el ámbito de la psicoterapia.

“La persona es un ser para otro y si centra ahí su ser, gana en libertad y fortaleza”.

martes, 12 de marzo de 2013

8 mitos sobre el cerebro




El cerebro es uno de nuestros órganos más importantes. Hoy, prácticamente podemos sustituir cualquier otro en nuestro organismo, ya sea mediante un trasplante, o hasta con uno construido en un laboratorio, pero no así el cerebro. Por eso, es sumamente importante para la ciencia y es objeto de innumerables estudios e investigaciones en extremo complejas. Sin embargo, aún queda muchísimo por descubrir de este misterioso órgano y por ende, también son innumerables los mitos y las falsas conjeturas elaboradas sobre el mismo. Échale un vistazo a estos 8 mitos sobre el cerebro tirados abajo por la ciencia.


Escuchar a Mozart lo hace más inteligente

Aunque, por supuesto, escuchar a Mozart es casi una experiencia sobrenatural, el mito de que escuchar música clásica te vuelve más inteligente es falso. El mito sobre que hacerlo puede aumentar tus capacidades intelectuales (lo que se llama “el efecto Mozart”) surgió en el año 1990, cuando un experimento sugirió que los estudiantes que escuchaban a Mozart mientras estudiaban y hasta 10 minutos antes de una prueba, conseguían mejores calificaciones. Todo tipo de productos, desde libros a discos compactos sobre el tema se lanzaron al mercado, pero lo cierto es que ninguna otra prueba se llevó a cabo, el hecho parece funcionar pero sólo en determinadas partes del cerebro. Funciona con zonas referidas al rendimiento de ciertas áreas temporales, lo cual es diferente a decir que te vuelves más inteligente.


Se arruga un poco más con cada nuevo conocimiento adquirido

El cerebro está repleto de arrugas que le dan el aspecto de una nuez y a menudo se dice que esas arrugas son el resultado de nuevos conocimientos que se adquieren para que así, el órgano se pueda compactar y dejar más lugar, pero esto tampoco es cierto. Cuando somos engendrados, nuestro cerebro no está arrugado pero conforme el feto se va desarrollando y crece, el cerebro le acompaña. Ahí es cuando se arruga y en él se forman surcos y circunvoluciones, pero una vez se formaron y está listo nuestro glorioso órgano (a las 40 semanas), ya nunca cambian, esas marcas le acompañan a uno de por vida. El cerebro cambia su forma a medida que aprendemos y que tenemos nuevos recuerdos (plasticidad cerebral), pero ya no se arruga nunca más.


Es completamente gris

Falso. El cerebro no es completamente gris como se lo muestra en la televisión, también tiene tintes blancos, rojos y en ocasiones, negros. La gente se refiere a menudo al cerebro y le da un color grisáceo, por ejemplo, el detective Poirot de las historias de la famosa escritora británica Agatha Christie, quien siempre habló de las “pequeñas células grises” en alusión a la materia gris del cerebro. Las historias de misterio de la señora Agatha son sensacionales, pero lo cierto es que la materia gris, que está en el cerebro y en la médula espinal, no es la única de color allí. El cerebro también tiene materia blanca, con fibras nerviosas que la conectan a la gris, sangre, que le da un tono rojizo y la llamada “substantia nigra” que en latín (sí, claro, adivinaste) significa “sustancia negra”. Ésta sustancia es negra porque contiene neuromelanina, que le da pigmentos a la piel, el cabello y demás, todo eso le da diferentes tonos al cerebro.


Los mensajes subliminales entran al inconsciente

Los mensajes subliminales existen, son una palabra, una frase o incluso una imagen que se incrusta en otras imágenes o en sonidos para que entren al subconsciente e influyan en nuestro comportamiento. En 1957, Vicary, un investigador de mercado, aseguró utilizar este método y lo llamó “mensajes subliminales”, colocó un mensaje en una propaganda en 1/3000 th de segundo y las cifras parecían demostrar que daba resultado, por lo cual se prohibió en muchísimas partes. Lo cierto es que años después se descubrió que en realidad Vicary había mentido y que nada de esto era cierto. El célebre y patético caso en el que juzgaron a los gigantes del metal de Judas Priest volvió a hacer resurgir la cuestión, pero el juez determinó que no existía prueba científica alguna capaz de demostrar que lo que los padres de los niños suicidas decían era cierto.


El de los humanos es el más grande que existe

Aunque los científicos no se ponen de acuerdo al 100% sobre cuál es la definición única de lo que hace que una persona sea inteligente, sí están todos de acuerdo en que los seres humanos son los seres más inteligentes del planeta. Bien, pero con la idea de que “cuanto más grande, mejor”, que tanto le gusta a nuestras sociedades, entonces, no les resulta muy difícil razonar que los seres humanos deben tener los cerebros más grandes entre todos los animales. Pero no, no exactamente. El cerebro promedio humano tiene un peso de 1.360 kg., exáctamente igual al de los delfines, por otro lado, los cachalotes (considerados para nada inteligentes) tienen un cerebro que en promedio pesa 7.800 kg. Mientras que el cerebro de un animal tan inteligente como el de un orangután no pesa más de 370 grs. y el del un ave como el gorrión apenas 1 gr.. Las relaciones de tamaño existen, claro, somos la especie más inteligente, si, pero no tenemos el cerebro más grande.


30 segundos después de una decapitación sigue funcionando

El concepto se desarrolló durante la Revolución Francesa, cuando varios perdieron la cabeza en la guillotina. Según se relataba en las historias, Charlotte Corday fue enviada a la guillotina después de asesinar a Marat en 1793, pero cuando su cabeza se desprendió del cuerpo y hasta 30 segundos después de rodar por el suelo, cuando el verdugo tocó su mejilla, los ojos desorbitados de la mujer se lanzaron hacia él y su rostro entero tomó horribles rasgos de resignación. Muchas otras historias similares se conocen, pero lo cierto es que ésto no ocurre, en realidad son espasmos musculares, inconscientes y para nada deliberados. Pero hay algo de verdad en el mito y hoy los expertos aseguran que el cerebro entra en estado de inconsciencia 3 segundos después de desprenderse del cuerpo.


Se puede agujerear con el consumo de drogas

Aún no se sabe realmente qué cosas puede llegar a provocar el consumo de determinadas drogas en el cerebro. Ya vimos lo que pasa con la marihuana y ya vimos cuánto se encabrona todo con las sales de baño que te convierten en zombie y sin dudas queda mucho por saber, lo cierto es que por más drogadicto que seas, un agujero en el cerebro no vas a tener. Los científicos han aclarado la cuestión señalando que lo único que puede provocar un agujero en el cerebro es un impacto físico.


Sólo utilizamos el 10% del cerebro

Éste es probablemente el mito más popular sobre el cerebro, pero también es falso. Es un mito bien antiguo, se remonta casi hasta el 1900, pero hoy ya ha pasado el tiempo suficiente como para dejarlo de repetir como loros. Los científicos aseguran que el cerebro humano se encuentra trabajando las 24 horas del día y durante toda nuestra vida. Que nuestro cerebro pueda desactivar determinadas zonas cuando así lo necesite y que pueda llegar a funcionar con apenas un 10% de éste activo no significa que no pueda usar más que eso. Podemos usar y mejor dicho, usamos más del 10% del cerebro la mayor parte del tiempo.

¿Ya habías escuchado estos mitos? ¿Conoces algún otro? Compártelo con nosotros.

Fuente: ojocientifico.com