lunes, 27 de mayo de 2013

Cómo la felicidad individual en el trabajo fortalece a las organizaciones



La cultura corporativa también debe atender el bienestar de los empleados si quiere mirar a la rentabilidad.

Un empleado feliz supone una mayor productividad para las empresas, mejorando considerablemente sus resultados.

Algunos de los datos que se han arrojado recientemente respecto a la escalada de beneficios que puede obtener una organización si los trabajadores se sienten motivados son cifras como un 33% más de rentabilidad, un 43% más de productividad, o un ascenso de las ventas del 37%.

Además, un 300% más de innovación, un 50% menos de incidentes de seguridad y un 125% menos de desgaste, según informa Fast Company.

Delivering Happiness at Work (DHW) es un nuevo modelo de consultoría promovido por Tony Hsieh, CEO de Zappos.com, que ayuda a las organizaciones de todos los tamaños a ser más exitosas a través de la cultura de la felicidad.

No es ninguna sorpresa que los empleados de DHW hayan elaborado este listado de crecimientos y tiren de los datos ante cualquier cliente.

La startup Zappos.com creció 2.000 millones de dólares mediante la aplicación de los principios de la felicidad a su modelo de negocio y su triunfo ha marcado un movimiento internacional centrado en los beneficios corporativos de este valor y la gestión empresarial basada en la conciliación de vida y trabajo.

La consultora DHW ha creado incluso una calculadora del retorno de la inversión que permite a cualquier entidad determinar lo que le podría costar el descontento de los empleados de acuerdo al volumen de su plantilla.

La firma promueve principios como la honestidad constructiva y la extrema transparencia para eliminar los problemas potenciales en las empresas.

Otras pautas clave son los esfuerzos centrados en la comunidad y la colaboración para conseguir un impulso de la felicidad individual que revierta en el fortalecimiento de la compañía.

La aceptación: El primer gran paso del cambio



Todos queremos cambiar algo en nuestras vidas: queremos hacer más actividad física, cambiar de trabajo, atrevernos a dar un gran paso, dejar el cigarrillo, romper con una relación de pareja… En fin, el cambio prácticamente es la única constante que hay en nuestra vida. Sin embargo, aún así, somos resistentes y casi nunca sabemos por dónde comenzar.

Pues bien, he aquí un secreto: el primer gran paso del cambio es la aceptación.

¿Por qué la aceptación? Porque normalmente detrás de cada cambio, al menos de los más grandes e importantes, se esconde un problema o algo que queremos dejar atrás. Sin embargo, hasta que no aceptemos ese problema no podremos movernos.

Si intentamos hacer un gran cambio sin aceptar el problema que lo generó, a la larga solo conseguiremos sentirnos frustrados y tendremos la necesidad constante de mirar atrás, como si hubiésemos dejado algo olvidado.

Pongamos una metáfora marinera para comprender mejor el valor de la aceptación: imaginemos que somos el capitán de una nave y que queremos zarpar para conocer nuevos mares, que estamos hastiados de ese puerto y queremos cambiar. Entonces, desplegamos las velas y nos disponemos a surcar el mar pero, por mucho que nos esforzamos, el barco no se mueve. Algo pasa y nos sentimos frustrados. Lo que sucede es que aún tenemos echada el ancla, que son todos nuestros problemas, prejuicios, creencias que no nos permiten adelantar.

Por eso, el primer paso para cambiar es aceptar el pasado, aceptar el problema. Porque la idea no es escapar del problema sino enfrentarlo de una manera madura.

Vale aclarar que aceptar no significa resignarse a la situación, significa comprenderla en toda su plenitud (con sus pros y sus contras) y continuar adelante. Por supuesto, para aceptar una situación primero debemos analizarla, imbuirnos en ella desde una perspectiva crítica, ponernos en el lugar de un espectador externo para poder valorar todas sus aristas. Es algo difícil de hacer, sobre todo si estamos demasiado involucrados emocionalmente. En ese caso, podemos pedirle ayuda a un amigo o familiar cercano que conozca con profundidad nuestra situación. Su visión será muy valiosa.

No obstante, comprender una situación no implica aceptarla. Entender las causas del problema y sus implicaciones, implica que estás en un plano racional. Después deberás pasar al próximo escalón, la aceptación emocional. Esto implica que deberás comprender las emociones y aceptarlas, incluso si son negativas. Sabrás que has vencido este paso cuando puedas pensar en el problema y sus repercusiones no te provoque una reacción emocional tan fuerte. A la misma vez, la aceptación emocional te abrirá nuevas perspectivas para valorar el problema desde una posición más lógica.

En este punto estarás listo para continuar adelante en tu camino. Ahora podrás pedir ayuda, tomar la decisión importante y dejar atrás el problema.

Escrito por Jennifer 
Temática: Desarrollo Personal Emociones

martes, 21 de mayo de 2013

Necesitar y desear: El engaño del consumismo




En Psicología los confines entre necesitar y desear están muy bien determinados pero en la vida real, esa que vivimos todos los días, no siempre es tan sencillo separar lo que deseamos de lo que necesitamos. La razón es muy sencilla: llegamos a desear algo con tal intensidad que llega a convertirse realmente en una necesidad. O sería mejor decir que lo convertimos en una condición para ser felices, para sentirnos bien, para estar completos…

El motivo de la confusión

En las últimas décadas se ha producido tanto que tal pareciera que nuestro único objetivo sobre la faz de la tierra es comprar: comprar el último modelo de coche, comprar el móvil hípertecnológico, estar a la moda, tener la casa más grande… Al final, no nos damos cuenta de que nos sumergimos en una espiral sin fondo que nos empuja siempre más abajo.

Sin embargo, muchas de las cosas que compramos no las necesitamos. Solo las deseamos. Han sido las ingeniosas campañas de publicidad creadas por las diferentes marcas las que nos han hecho creer que necesitamos ciertas cosas para sentirnos felices y completos, adaptados al grupo social en el cual nos desenvolvemos.

De hecho, ¿sabías que los audífonos blancos de Apple tienen como objetivo no solo distinguirse de la competencia sino crear una sensación de pertenencia a un grupo? Es decir, cuando surgió el fenómeno de los mp3, quienes tenían audífonos blancos se distinguían. Y todo el mundo sabía que tenía un reproductor de Apple, por tanto, que tenía cierto nivel adquisitivo y que pertenecía a cierto grupo (el clásico grupo al que casi todos quieren pertenecer: personas jóvenes de clase media-alta).

En ese momento, lo que es un deseo (tener un iPod) se convierte en una necesidad. Porque pensamos que solo seremos felices si tenemos ese aparato. Es decir, supeditamos nuestra sensación de bienestar a un deseo.

Y esta confusión no se limita a las posesiones materiales sino que se evidencia en muchísimos otros aspectos de la vida, desde las relaciones de pareja hasta el trabajo.

Delimitando conceptos

En este punto, creo que es fundamental dar un paso atrás y revalorar nuestras verdaderas necesidades. Para ello, partamos de la diferencia entre necesidad y deseo. En primer lugar, debemos comprender que el ser humano posee dos grandes tipologías de necesidades: las básicas y las superiores. Las necesidades básicas son las de respirar, alimentarse, estar a buen recaudo bajo un techo, descansar, entre otras. Las necesidades superiores son aquellas que no son imprescindibles para la vida pero que son esenciales para nuestro desarrollo como persona, como la necesidad de relacionarse con los otros o de amar y ser amado.

Como puedes presuponer, estas necesidades se puden satisfacer de disímiles maneras. Si tenemos hambre, podemos saciarnos comiendo un simple trozo de pan pero también podemos optar por el caviar. En este punto, entran en acción los deseos; es decir la necesidad deja de ser una sensación de carencia difusa y se encarna en un objeto preciso. Dejamos de tener hambre y tenemos deseo de comer caviar.

Como en la sociedad occidental tenemos todas nuestras necesidades básicas cubiertas, el deseo ha ganado muchísimo espacio. Por eso, como no experimentamos un hambre “real”, solemos desear determinados platos más que otros. Claro, esta idea se extiende a muchos otros aspectos de la vida.

Más deseos = Más infelicidad

La famosa frase “no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita” nos viene como anillo al dedo. En primer lugar, considero que tener deseos es positivo y nos puede llevar a crecer como personas si nos planteamos metas realistas y establecemos planes de acción. Esta no es una cruzada contra los deseos sino más bien contra los deseos superficiales, contra esos a los cuales supeditas tu felicidad y sin los cuales podrías vivir perfectamente, incluso mucho mejor.

Afortunadamente, el antídoto es muy sencillo: pregúntate si realmente necesitas lo que deseas y para qué lo necesitas. ¿Hay otra vía, quizás más fácil y natural, para satisfacer tu necesidad?


Fuente: Rincón de la Psicología

jueves, 9 de mayo de 2013

¿Qué es la salud mental?




La salud mental no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

En la mayoría de los países, sobre todo en los de ingresos bajos y medios, los servicios de salud mental adolecen de una grave escasez de recursos, tanto humanos como económicos. La mayoría de los recursos de atención sanitaria disponibles se destinan actualmente a la atención y el tratamiento especializados de los enfermos mentales y, en menor medida, a un sistema integrado de salud mental. En lugar de proporcionar atención en grandes hospitales psiquiátricos, los países deberían integrar la salud mental en la asistencia primaria, ofrecer atención de salud mental en los hospitales generales y crear servicios comunitarios de salud mental.

Aún más reducidos son los fondos disponibles para la promoción de la salud mental, expresión amplia que abarca toda una serie de estrategias destinadas a lograr resultados positivos en materia de salud mental. El desarrollo de los recursos y las capacidades de la persona y la mejora de la situación socioeconómica figuran entre los objetivos de esas estrategias.

La promoción de la salud mental requiere que se adopten medidas multisectoriales, en las que participen diversos sectores del gobierno y organizaciones no gubernamentales o comunitarias. El principal fin ha de ser promover la salud mental durante todo el ciclo vital, para garantizar a los niños un comienzo saludable en la vida y evitar trastornos mentales en la edad adulta y la vejez.

Fuente: Organización Mundial de la Salud

Enlaces conexos
Salud mental

sábado, 4 de mayo de 2013

Probreza 2.0

A fines de Febrero culminó la Consulta temática global sobre desigualdades en la agenda Post-2015, organizada por UNICEF y UN Women con el apoyo de los gobiernos de Dinamarca y Ghana[1]. Una de las recomendaciones que se incluyeron en el informe final fue que los países debiesen generar mejores sistemas de información que les permitieran describir y monitorear los cambios a nivel de los distintos grupos poblacionales.

‘Una herramienta importante para el fortalecimiento de estos sistemas es un Índice de Pobreza Multidimensional que de cuenta, simultáneamente, de las carencias que experimentan el hogar y el niño que en él habita. Por medio de éste salen a la luz los más pobres de entre los pobres, estos son aquellos que padecen la mayor cantidad de carencias simultaneas” señala el informe.

Esta aproximación no solo pone de manifiesto los cambios en la pobreza multidimensional, sino que además ilustra las tendencias de la exclusión social y la marginalización.

Esa misma semana, junto a Andy Summer llamamos a incorporar una medición distinta de la pobreza multidimensional en la agenda de desarrollo Post-2015. Se trata de una medición que refleje los insumos participativos (incluyendo posibles nuevas dimensiones) y que pueda ser desagregada fácilmente. Creemos que ésta podría servir a los objetivos que se incluyeron en el informe de la consulta global sobre la incorporación de las desigualdades en la agenda post-2015.

El Índice de Pobreza Multidimensional se ha venido incluyendo desde el año 2010 en los Informes sobre Desarrollo Humano de más de 100 países. Un Índice de Pobreza Multidimensional Global 2.0 (IPM 2.0) construido a partir de éste, podría entregar un panorama intuitivo de la pobreza multidimensional que complementara tanto la medida de los $1.25 diarios, como los indicadores de metas individuales como son la salud o el nivel educacional.

Tal medición permitiría a los responsables de la formulación de políticas públicas ver con facilidad si acaso y de qué manera la pobreza multidimensional se ha reducido en ciertos países o grupos sociales. Más aun, podría ser fácil y rápidamente desagregada de manera de mostrar las desventajas sobrepuestas que enfrentan, por ejemplo, los trabajadores agrícolas o las familias con hijos pequeños en distintas regiones geográficas.

El IPM incluido en los Informes sobre Desarrollo Humano del PNUD está basado en diez indicadores de salud, educación y calidad de vida y muestra tanto la incidencia como la intensidad de la pobreza. Mide las carencias directamente y muestra en que regiones o entre que grupos la pobreza se está reduciendo y de que manera esta reducción se está logrando. Por ejemplo, permite observar si acaso un grupo particular ha salido de la pobreza gracias a un mejoramiento en su acceso a la educación, al agua potable o a la electricidad.

Para el contexto post-2015, podría crearse un IPM 2.0 con dimensiones, indicadores y umbrales que reflejaran la agenda de desarrollo post-2015. El proceso de selección de tales indicadores y umbrales debiese ser participativo y las voces de los pobres y los marginalizados las que motivaran la toma de decisiones. Un “IPM infantil” destinado a medir la pobreza multidimensional entre los niños podría crearse usando esta misma metodología.

Los gobiernos y la sociedad civil organizada podrían adicionalmente crear sus propios IPMs nacionales con indicadores, umbrales y valores que reflejaran sus propios planes y objetivos. De esta manera se estaría complementando y enriqueciendo el IPM global 2.0. Tales mediciones ya están siendo utilizadas, por ejemplo, por parte del Gobierno de Colombia.

Un IPM 2.0 podría reflejar de manera inmediata el impacto de las intervenciones de política social, actuando como un instrumento de monitoreo y evaluación. De este modo, podría generar incentivos para que los responsables de la formulación de políticas públicas no solo implementaran intervenciones efectivas, sino también para que abordaran los distintos aspectos de la pobreza en su conjunto. Un IPM desagregado podría utilizarse en conjunto con datos geográficos con el objeto de entregar un panorama de los vínculos entre la pobreza y los desafíos de la sustentabilidad ambiental.

Sugerimos que una medida fácil de entender y desagregar y que muestre de manera clara las desigualdades entre quienes viven en situación de pobreza -en términos del número y tipo de carencias interconectadas que enfrentan- podría entregar a los responsables de la formulación de políticas públicas, un complemento esencial a las medidas por ingreso y metas individuales. Ésta les permitiría ver rápida y fácilmente qué es lo que estaría ocurriendo más allá de los promedios. Esperamos poder seguir discutiendo sobre este punto con todas las partes interesadas y así descubrir el IPM 2.0 más útil.

Para terminar, una cita del informe final de la consulta global temática respecto de cómo abordar las desigualdades:

“Cualquiera sea la metodología empleada, es importante lograr una comprensión profunda del carácter multidimensional de las desigualdades prevalentes tal, que el uso de simples “proxies” o indicadores no distraiga la atención de las complejidades inherentes o de la necesidad de políticas públicas comprehensivas y multi-sectoriales”.

[1] Esta columna fue publicada originalmente con el título “Measuring development post-2015: highlighting the poorest of the poor” en el Blog Debating Development. Traducción a cargo de Eleonora Nun, Revista Humanum.