viernes, 13 de septiembre de 2013

20 respuestas ingeniosas a la pregunta ¿me estás analizando?


















Si eres psicólogo o estudiante de psicología, en diversos momentos de tu vida te vas a enfrentar a la tediosa pregunta ¿Me estás analizando?, justo después de que reveles tu identidad como psicólogo o estudiante. Al parecer, es algo inevitable para los demás hacer esta pregunta. En el fondo, creo que están buscando una respuesta ingeniosa de tu parte, así que aquí se encuentran las mejores respuestas a esta pregunta, aunque la mayoría están diseñadas para que no te pregunten eso. Si quieres compartir tus propias respuestas, no dudes en comentar.

1. Solo analizo a los que preguntan eso

2. Yo no trabajo gratis

3. Tengo cosas mejores que analizar

4. Es como si a alguien que es cajero bancario le preguntas si está tratando de adivinar cuantos billetes tienes en el bolsillo

5. Tendrías que pagarme (y miras fijamente a quien hizo la pregunta)

6. ¿Tú haces tu trabajo todo el día y a cada momento?

7. Toda consulta causa honorarios

8. Sí, te estoy analizando; pero la verdad no te quiero preocupar...

9. No, ahora ando "de civil"

10. El diagnóstico es reservado...

11. Perdón... ¿me hablabas? Es que estaba tratando de entender por qué mueves las manos así al hablar y a qué se debe esa postura corporal tan rara que tienes y... (sigues inventando posibles análisis que harán sentir incómoda a la persona que preguntó)

12. ¿Tú qué crees? [Con voz calma, y levantada de ceja o fruncido de ceño]

13. Claro, serios problemas de personalidad

14. Por supuesto, el retardo mental es evidente.

15. ¿Analizando? No, eso solo se hace con las especies superiores

16. Obvio, pero mejor no te preguntes lo que estoy descubriendo.

17. No, te quiero demasiado como para enterarme todo lo que andas ocultando.

18. Yo definitivamente creo que todos analizamos en cierto punto y no es necesario tanto estudio para ver que estás mal

19. ¿Y tú crees que no tengo nada mejor que hacer?

20. Claro que no, no eres tan interesante

Fuente: Psicología Online

jueves, 12 de septiembre de 2013

5 reacciones del cuerpo al mentir

Un estudio publicado recientemente en PLos One ha revelado 5 reacciones del cuerpo al mentir, todos ellos fisiológicos que te permitirán saber la próxima si alguien te mentía o no.

5 reacciones cuando mentimos

  1. Efecto Pinocho: no es que la nariz va a crecer de largo, sino que se infla por el cambio de temperatura en el cuerpo. El cambio también aparece en la esquina interna del ojo, una zona más complicada de percibir.
  2. El estrés y la pronta respuesta: cuando una persona está mintiendo se le hace más fácil contestar a preguntas rápidas. Así que la próxima vez intenta tomar la situación con calma y dale tiempo para que reflexione la respuesta. Psychological Science ha mencionado que mientras más tiempo tienen para responder, se restringe más la cantidad de mentiras y terminan resistiéndose a engañar.
  3. Mayor cantidad de mentiras, mayor sustancia blanca: si bien este es un cambio que no puedes notar a simple vista, los estudios han demostrado que los mentirosos tienen un 22% más de sustancia blanca en su cerebro que de gris.
  4. Arritmia gástrica: científicos de la Universidad de Texas emplearon al mismo tiempo electrogastrogramas y electrocardiogramas descubriendo que el estómago detecta las mentiras generando como resultado arritmia gástrica.
  5. Mejor salud para los sinceros: las personas que son honestas tienen una mejor salud tanto física como mental en comparación de las mentirosas. El estudio se llevó a cabo en la Universidad de Notre Dame durante diez semanas analizando la salud física y mental de personas a las que pidieron que redujeran su número de mentiras, logrando una mejoría notable.

Hay otra reacción que es la del movimiento de los ojos hacia la derecha que hace poco los científicos dijeron que era infundada por lo cual se desechó.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Trastorno de déficit de atención e hiperactividad

Los objetivos que tengan los padres para el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) tienden a hacer que el tratamiento vaya en una dirección o en otra, según una nueva investigación.
Cuando la preocupación principal de los padres era el rendimiento académico de su hijo, a menudo elegían el tratamiento con medicamentos, pero si estaban más preocupados por la conducta de su hijo tendían a optar por la terapia conductual como tratamiento inicial.
"Si los profesionales clínicos pueden mostrar evidencias a los padres y los padres pueden compartir sus valores y objetivos con el médico de su hijo, el proceso de toma de decisiones puede resultar más fácil y es probable que se obtengan mejores resultados", afirmó el autor del estudio, el Dr. Alexander Fiks, profesor asistente de pediatría en el Hospital Pediátrico de Filadelfia y la Universidad de Pensilvania.
Aun así, Fiks comentó que le sorprendió que hubiera una distinción tan clara en la elección de los tratamientos. "No sé si esperaba que las elecciones estuvieran tan divididas", señaló.
Los resultados del estudio aparecen en línea el 2 de septiembre en la revista Pediatrics, así como en la edición impresa de octubre.
El TDAH es un trastorno cerebral común, según el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de EE. UU. Los síntomas incluyen la incapacidad de prestar atención o de concentrarse en algo, distraerse con facilidad, estar frecuentemente fantaseando, problemas de concentración, dificultad para finalizar las tareas escolares, hablar todo el tiempo y la incapacidad de permanecer sentado durante periodos largos de tiempo, según el NIMH.
El tratamiento para el TDAH puede incluir fármacos, terapias conductuales o ambos, según el NIMH.
"Tanto los medicamentos como la terapia conductual se consideran las líneas de tratamiento para los niños de 6 a 12 años de edad, y muchas personas sugerirán un tratamiento multimodal. Pero, las familias a menudo empiezan con un tratamiento o con el otro. Si no le va bien el primer tipo de tratamiento, debería intentar con el otro", explicó el Dr. Andrew Adesman, jefe de pediatría del desarrollo y conductual del Centro Médico Pediátrico Steven and Alexandra Cohen de Nueva York, en New Hyde Park.
Para realizar este estudio, Fiks y sus colaboradores reclutaron a 148 padres o tutores de niños de edades comprendidas entre los 6 y los 12 años a los que habían diagnosticado el TDAH. Fiks afirmó que aceptaron a los padres de niños que ya estaban recibiendo algún tratamiento, además de aquellos que acababan de elegir un tratamiento por primera vez. Sin embargo, excluyeron a los padres de niños que ya estaban recibiendo una combinación de medicamentos y terapia conductual.
Los investigadores desarrollaron y validaron el Instrumento para las preferencias y los objetivos en el TDAH, una herramienta que mide las preferencias y los objetivos de los padres de los niños con TDAH.
Si lo que más preocupaba a los padres era el rendimiento escolar de su hijo, entonces tenían más del doble de probabilidades de elegir los medicamentos como el primer tratamiento para su hijo. Si, por otra parte, lo que más preocupaba a uno de los padres eran los problemas conductuales asociados con el TDAH, entonces tenía un 60 por ciento más de probabilidades de elegir la terapia conductual para su hijo.
Después de seis meses, los padres de los niños que habían iniciado el tratamiento elegido tenían unos objetivos académicos y conductuales menos ambiciosos. "Si los objetivos son un poco menos fuertes, esos padres pueden tener más probabilidades de cumplirlos", afirmó Fiks.
"Nuestros hallazgos enfatizan la importancia de hablar sobre los objetivos. Si las personas se sienten escuchadas y valoradas, sienten que el tratamiento está trabajando en dirección a algo que a ellos les preocupa", observó Fiks.
"Este enfoque podría ser de ayuda en las afecciones como el asma, donde hay varios tratamientos. Empezar por los objetivos de la familia podría ser realmente una gran innovación en la atención médica", afirmó Fiks.
Al igual que Fiks, Adesman afirmó que estaba "sorprendido de ver una distinción tan clara en las elecciones de los tratamientos".
Según comentó, le sorprendió particularmente que los padres de niños con problemas de conducta fueran más propensos a elegir la terapia conductual. Aunque la terapia conductual es efectiva, señaló, requiere de muchas sesiones y puede llevar algo más de tiempo para que produzca un cambio en la conducta.
"A menudo estos son los padres que veo que están más receptivos a la medicación", añadió.
Fiks pensaba que los padres podrían ver los problemas conductuales como diferentes a los problemas médicos. "Si los padres consideran que los problemas conductuales no son médicos, entonces los tratamientos no médicos les podrían parecer más aceptables", observó.
Ambos expertos pensaron que incluir a los padres en la toma de decisiones probablemente llevaría a que participaran más en el tratamiento elegido, lo que podría mejorar los resultados.
"Este estudio resalta la importancia de hablar sobre cuáles son las preferencias de la familia a la hora de sopesar las opciones de tratamiento, y los pediatras harían bien de involucrar a los padres e intentar averiguar cualquier preferencia en el tratamiento que pudieran tener", comentó Adesman.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Alexander Fiks, M.D., assistant professor, pediatrics, Children's Hospital of Philadelphia, University of Pennsylvania, Philadelphia; Andrew Adesman, M.D., chief, developmental and behavioral pediatrics, Steven and Alexandra Cohen Children's Medical Center of New York, New Hyde Park; October 2013Pediatrics
Fuente: LUNES, 2 de septiembre (HealthDay News) -- HealthDay

martes, 10 de septiembre de 2013

Prevención del suicidio















Magnitud del problema

El suicidio figura entre las 20 causas de defunción más importantes a todas las edades a nivel mundial. Cada año se suicida casi un millón de personas.

Factores de riesgo

Las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio.

Prevención

Estrategias eficaces para prevenir el suicidio:

  • restricción del acceso a los medios de suicidio, como sustancias tóxicas y armas de fuego,
  • identificación y tratamiento de las personas que sufren trastornos mentales y por consumo de sustancias,
  • mejora del acceso a los servicios de salud y la asistencia social, y 
  • cobertura responsable de las noticias sobre suicidios en los medios.

Fuente: Organización Mundial de la Salud

Más información acerca de la prevención del suicidio