sábado, 11 de enero de 2014

¿Qué es la salud mental?
















P: ¿Qué es la salud mental?

R: La salud mental no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

En la mayoría de los países, sobre todo en los de ingresos bajos y medios, los servicios de salud mental adolecen de una grave escasez de recursos, tanto humanos como económicos. La mayoría de los recursos de atención sanitaria disponibles se destinan actualmente a la atención y el tratamiento especializados de los enfermos mentales y, en menor medida, a un sistema integrado de salud mental. En lugar de proporcionar atención en grandes hospitales psiquiátricos, los países deberían integrar la salud mental en la asistencia primaria, ofrecer atención de salud mental en los hospitales generales y crear servicios comunitarios de salud mental.

Aún más reducidos son los fondos disponibles para la promoción de la salud mental, expresión amplia que abarca toda una serie de estrategias destinadas a lograr resultados positivos en materia de salud mental. El desarrollo de los recursos y las capacidades de la persona y la mejora de la situación socioeconómica figuran entre los objetivos de esas estrategias.

La promoción de la salud mental requiere que se adopten medidas multisectoriales, en las que participen diversos sectores del gobierno y organizaciones no gubernamentales o comunitarias. El principal fin ha de ser promover la salud mental durante todo el ciclo vital, para garantizar a los niños un comienzo saludable en la vida y evitar trastornos mentales en la edad adulta y la vejez.

El dilema de las mentiras piadosas














El sueño del esclavo

“Voy paseando por un camino solitario, disfruto del aire, del sol, de los pájaros y del placer de que mis pies me lleven por donde ellos quieran.
A un costado del camino, encuentro un esclavo durmiendo. Me acerco y descubro que está soñando, de sus palabras y gestos adivino… sé lo que sueña: El esclavo está soñando que es libre. La expresión de su cara refleja paz y serenidad. Me pregunto… ¿Debo despertarlo y mostrarle que sólo es un sueño, y que sepa que sigue siendo un esclavo? ¿O debo dejarlo dormir todo el tiempo que pueda, disfrutando aunque sea en sueños, de su realidad fantaseada?
—¿Cuál es la respuesta correcta?… —agregó Jorge.
Me encogí de hombros.
—No hay respuesta correcta —siguió Jorge—. Cada uno debe encontrar la propia respuesta, y no hay lugar afuera donde buscarla.
—Yo creo que me quedaría paralizado frente al esclavo, sin saber qué hacer —dije.
—Voy a darte una ayudita, que por lo menos en algún caso te puede servir, mientras estás paralizado acércate al esclavo y míralo. Si el esclavo soy yo, no lo dudes: ¡DESPIÉRTAME!”

Pasaje de: Bucay, Jorge. “Déjame que te cuente"

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Cómo evitar la resistencia al cambio?















Hay personas más resistentes al cambio que otras pero, en sentido general, la inmensa mayoría de nosotros no somos grandes fans de las transformaciones. Nos cuesta acostumbrarnos al cambio de temporada, al cambio de hora o al cambio en la dieta. Por no hablar de los cambios más importantes, en el trabajo o en la dinámica familiar.

Cuando percibimos que la transformación es demasiado fuerte, plantamos cara y se pone en marcha lo que en Psicología se conoce como resistencia al cambio. Básicamente, es un mecanismo mediante el cual pretendemos que las cosas sigan funcionando como antes. Sin embargo, cuando las condiciones cambian, esta resistencia solo sirve para agotarnos, tanto física como mentalmente. La buena noticia es que no es necesario llegar tan lejos: es posible evitar la resistencia al cambio, mucho antes de que esta se instaure.

Cinco pasos para aceptar los cambios

1. Imagina el peor escenario posible

Las expectativas a menudo no son buenas consejeras, sobre todo si no son realistas. Por tanto, cuando tengas que enfrentarte a un cambio, no te digas frases del tipo “no es nada, será fácil enfrentarlo”, porque probablemente no será así.

En su lugar, imagina el peor escenario posible. Dale rienda suelta durante algunos minutos a tu pensamiento catastrofista, cuando llegues a la realidad, te darás cuenta de que todo no era tan malo como suponías. De hecho, un estudio ha demostrado que solemos exacerbar las consecuencias emocionales de los hechos negativos mientras minimizamos los aspectos positivos.

Con este truco podrás equilibrar tus expectativas y el cambio será menos abrumador de lo que suponías por lo que generará menos resistencia.

2. Concientiza la resistencia emocional

Uno de los principales problemas que ha generado nuestra sociedad es la represión de las emociones. Se supone que no debemos sentir ira, cólera o tristeza, que siempre debemos estar de buen humor y disponibles. Eso hace que reprimamos nuestras emociones y que nos neguemos a identificarlas. Sin embargo, el hecho de que no les pongamos un nombre no significa que no existan.

Para evitar la resistencia al cambio es importante aprender a reconocer lo que sentimos. Es normal que durante los primeros días experimentemos cierto malestar y que nos sintamos indefensos o molestos. Son reacciones perfectamente comprensibles ante un cambio. Si las escondes solo lograrás fomentar la resistencia al cambio pero si las aceptas, podrás pasar página más rápido y adaptarte a las nuevas circunstancias.

3. Cambia tus pensamientos

Durante las primeras fases es normal que tengas dudas. Es como cuando nos lanzamos en una piscina de agua fría, el cambio es tan fuerte que nos preguntamos qué hacemos allí e incluso tendremos la tendencia a salir. Sin embargo, si te quedas y superas esa resistencia inicial, al rato te sentirás más cómodo. No se trata de que el agua esté más caliente sino que te has acostumbrado.

Para evitar la resistencia al cambio, no basta con reconocer tus emociones, es importante que seas consciente de tus pensamientos. Por ejemplo, en vez de pensar: “quiero escapar, esta situación no me gusta”, piensa: “estoy asustado porque es una situación nueva pero con el tiempo me iré acostumbrando”. Recuerda que tus pensamientos ejercen una poderosa influencia sobre tus emociones por lo que es importante que adoptes ideas más serenas y acordes a la realidad.

4. Explora las nuevas circunstancias

A menudo la resistencia al cambio se instaura porque tenemos patrones prestablecidos que no queremos cambiar pero ni siquiera conocemos bien en qué consiste la nueva situación. Por tanto, una excelente manera para evitar la resistencia al cambio consiste en experimentar poco a poco las nuevas circunstancias. Intenta enfrentarlas con la actitud de un niño pequeño: con curiosidad y sin prejuicios. Si lo necesitas, no dudes en apoyarte en personas que ya han vivido esa misma situación, pregúntales qué hicieron y qué estrategias les resultaron más útiles.

5. Concéntrate en los aspectos positivos

Toda situación entraña aspectos positivos y negativos. Cuando nos ciegan las emociones a menudo no somos capaces de ver ambas aristas pero es fundamental que aprendas a centrarte en los factores positivos del cambio. Si es necesario, enlístalos. Muy pronto te darás cuenta de que hay alguna oportunidad para crecer.

jueves, 2 de enero de 2014

Cinco técnicas para eliminar las preocupaciones cotidianas



Quien nunca ha estado preocupado por nimiedades que tire la primera piedra. Después, cuando pasa el tiempo y todo se resuelve nos damos cuenta que las horas que pasamos preocupándonos y causándonos sufrimiento fueron en vano. Si tan solo nos hubiésemos percatado de ello antes…

Afortunadamente, existen algunas técnicas muy sencillas que pueden ayudarnos a eliminar las preocupaciones cotidianas:

1. Escribe tus preocupaciones. Cuando sientas que los problemas te desbordan, simplemente escribe en una hoja de papel todo aquello que te preocupa. Es probable que tengas problemas para concretar lo que te preocupa porque a veces se tratan de problemas muy vagos. En otras ocasiones, simplemente, cuando las veas escritas, te darás cuenta del sinsentido que es preocuparse por cosas que se escapan de nuestra voluntad. Poner nuestros pensamientos en blanco y negro tiene un gran poder catártico y de seguro te asombrarás con los descubrimientos que realizarás.

2. Dale un costo a las preocupaciones. Cada vez que te sientas preocupado toma una moneda de cinco centavos y métela en una alcancía. Al finalizar el mes, cuenta cuánto dinero has logrado reunir. Sin lugar a dudas te asombrarás de cuánto “cuestan” tus preocupaciones y cuan frecuentes son. Recuerda que cada centavo equivale a un poco de felicidad que estás perdiendo.

3. Concientiza tus propios pensamientos. Nos pasamos buena parte del día manteniendo un diálogo interior con nosotros mismos. Cuando te sientas preocupado, detente unos minutos y reflexiona sobre las frases que te estás diciendo. Valora su objetividad. De seguro te darás cuenta que no tienen un basamento real y no son sino exageraciones. Recuerda que, de una forma u otra, tus pensamientos se pueden hacer realidad ya que estarán mediatizando tu comportamiento. Por ende, piensa en algo positivo.

4. Usa la gratitud como un arma. En vez de quejarte y preocuparte por todo, cada mañana, haz una lista con tres cosas por las cuales te sientes agradecido al mundo. En demasiadas ocasiones nos preocupamos por los problemas pero no nos regocijamos con las cosas que tenemos, como el simple hecho de tener salud o de poder escuchar una canción que nos guste en la radio.

5. Cambia la perspectiva. Casi siempre las preocupaciones surgen de un problema y de nuestra incapacidad para hacerle frente. Así, saca a la luz los aspectos positivos del problema, aprende a mirar las dificultades como una oportunidad para crecer.

Finalmente, recuerda una frase del poeta norteamericano Ralph Waldo Emerson: “Las mentes pequeñas tienen preocupaciones pequeñas; las grandes mentes no tienen el tiempo para preocuparse”.

Escrito por: Jennifer 

Infidelidad en la pareja
















La infidelidad es vivida como una de las peores traiciones que enfrenta la pareja y en general se piensa que el infiel es el culpable, sin embargo, la infidelidad es sólo el resultado de una probable crisis de pareja.

La infidelidad se manifiesta cuando uno de los miembros establece con otra persona, sea esta del mismo sexo o del sexo opuesto, una relación amorosa que puede ser sexual o no, ya que también se le puede ser infiel a una pareja afectivamente.


ALGUNAS RAZONES PARA LA INFIDELIDAD

Los miembros de la pareja pueden sentirse defraudados después de pasado el primer enamoramiento y entonces, las expectativas sufrirán un golpe cuando se enfrenten a la pareja "real" y no a la idealizada. Esto puede provocar la búsqueda de una pareja alterna que bien satisfaga esa “idealización” o puede ser diametralmente opuesta para cubrir las necesidades reales de la persona que es infiel.

En algunos caso los individuos tienen amantes cuando sienten que el cónyuge amenaza su independencia y autonomía y tienen miedo a quedar atrapados, en este sentido, se observa que una vez que el/la amante inicia sus exigencias, buscarán nuevamente otra relación que los "salve" tanto del cónyuge como del amante "devorador" o bien, pueden mantenerse así para evitar ser absorbidos por ambas.

Puede suceder también, que la infidelidad ocurra para satisfacer la necesidad del enamoramiento. Esto ocurre cuando la relación tiene ya un tiempo y ha pasado la primera etapa de enamoramiento, entonces podemos encontrar sujetos para quienes es necesario estar continuamente en la etapa de idealización y de fusión para sentirse amados.


LAS CONSECUENCIAS DE LA INFIDELIDAD

Contrariamente a lo que se piensa la infidelidad no es causa de la ruptura de la pareja. Independientemente de que la pareja "engañada" se entere o no, y sin perder de vista que la confesión suele llevar gran carga de hostilidad y dolor, este tema puede consolidar la relación siempre que se hable del por qué y no del cómo, pues la pareja podrá estrechar aún más sus lazos. Es necesario iniciar la comunicación y salir del estereotipo de engañado contra engañador para superar la crisis.

Tordjman considera al adulterio "... una verdadera prueba de fuego de la pareja: destruye aquellas en las que falta amor, y consolida las demás".

La infidelidad es un golpe contra la integridad. Una vez que se descubre viene el choque emocional, el estallido de cólera, la humillación y la devaluación del sujeto engañado. Pero la ruptura no aparece, entonces se forman dobles mensajes. El infiel quien cae en el arrepentimiento primero se justifica y después exige que se le respete su tiempo y su libertad.

Por su parte, la parte engañada se vuelve suspicaz y anda tras cualquier pista que le asegure que la relación extraoficial se termine. Cae en un círculo vicioso pues aumenta su dependencia en la medida en que su conducta depende por entero de "descubrir la verdad", pero ésta nunca llega por más que llegue a haber enfrentamientos con el/la amante. Son devastadores los efectos que estas pesquisas producen en el engañado pues éste se sitúa de inmediato en un rol inferior, poniendo en juego su propia autoestima y lastimándose cada vez más.


SI YA ESTA OCURRIENDO
  • Si se toma la decisión de seguir adelante que sea con todas las consecuencias sin reproches ni venganzas, y teniendo en cuenta que si la pareja desea retomar la relación es porque así lo desea, principalmente porque existe amor entre ambos, ya que no se recomienda estar en una relación donde una de las partes ha dejado de amar. 
  • Si la decisión ha sido la de dejar la relación, se debe tomar en cuenta que se vivirán momentos dolorosos hasta que se consiga construir de nuevo la vida sin esa persona, que ha provocado sufrimiento, pero también ha sido importante en la vida de la persona ya que ha compartido momentos importantes de la vida.
  • Puede ocurrir que la persona que ha sido infiel no desee retomar la relación, lo que comenzó como una simple "aventura" puede desarrollarse y transformarse en algo serio y duradero y desee acabar con la relación anterior. En este caso, aunque exista amor por parte de la persona que ha sido engañada lo mejor es alejarse, pues se pone en riesgo la propia integridad emocional.
Si te cuesta trabajo tomar una decisión al respecto o bien sientes que esta situación te ha superado por completo, una buena idea es buscar ayuda profesional.


Publicado por Psicologia en Coapa