jueves, 7 de abril de 2016

Camino a Tombuctú



Paul Auster:camino a Tombuctú

La sal viene del norte, el oro del sur y la plata del país del hombre blanco, pero la palabra de Dios y los tesoros del saber sólo se encuentran en Tombuctú. Antiguo proverbio de Sudán

Paul Auster ha recorrido de varias maneras el camino del escritor, pero siempre acompañado de una visión original, en una incansable búsqueda en los laberintos del lenguaje. No es sorprendente que el protagonista de su última novela sea un perro, Mr. Bones, aunque no como personaje de una fábula, sino como una posibilidad distinta para acercarse a la expresión.

Las interpretaciones de un perro sobre los humanos y acerca del pequeño mundo que lo rodea pueden llevar a los lectores a nuevas reflexiones sobre sí mismos. Para Paul Auster la literatura y el cine nos permiten conocernos mejor; al ser otros, al vivir a un personaje, resolvemos aspectos nuestros. Tomar a un perro como personaje le permite al autor eliminar varias de las características que complican las relaciones humanas y que limitan la expresión de los sentimientos. Con Mr. Bones, Paul Auster intenta hacer evidente la esencia del sentir, la pureza del amor, el afecto y la lealtad.

Explorar una anécdota a los ojos (o más bien al olfato) de un perro da lugar a muchos elementos cómicos en la narración. Esto ha llevado a muchos críticos a considerar este trabajo como el más ligero y accesible de un autor a quien tradicionalmente se identifica con temas profundos o complejos. Sin embargo, ello no quiere decir que Tombuctú sea superficial, sino que el camino hacia su esencia es menos difícil y más simpático. Las experiencias de Mr. Bones al lado de su dueño, Willy G. Christmas, son casi siempre graciosas, sobre todo cuando parece que el perro hace un análisis mucho más objetivo y completo de la vida de su amo, que Willy de la de su mascota.

Un tema recurrente en las novelas de Auster es la caída. Sus personajes enfrentan momentos de crisis o pérdida en los que parecen caer al punto del mínimo de estado de ánimo o condición física, pero es en ese lugar donde encuentran una nueva visión sobre sí mismos lo que los hace cambiar radicalmente su vida. Tombuctú comienza con esta caída: tanto Mr. Bones como Willy están en un punto crucial de sus existencias. Willy está al borde de la muerte y Mr. Bones sabe que sin él su vida tendrá que dar un giro completo.

Willy ha preparado a Mr. Bones para esto, haciéndolo creer firmemente en la idea del “otro mundo” para no preocuparlo. Cuando muera, Willy arribará a lo que él llama un oasis espiritual donde no tendrá más preocupaciones: Tombuctú. Mr. Bones está convencido de que Tombuctú comienza en donde quiera que acabe el mundo, pero su inquietud es que, como en muchos otros lugares, pudiera no ser admitido.

Los análisis y preocupaciones que forman parte de la personalidad de Mr. Bones nos muestran a un perro que piensa, entiende e interpreta, padece miedos y es sensible. Su relación con Willy y con los otros personajes del libro van descubriendo a un perro que ama con gran lealtad, que tiene opiniones e imaginación propias y cuyos recuerdos lo acompañan permitiéndole, incluso, soñar. Así, Mr. Bones sueña la muerte de Willy, lo cual es una especie de ensayo que lo prepara para actuar con acierto cuando Willy parta en definitiva a Tombuctú.

Para Paul Auster nuestras verdaderas necesidades se refieren al cuerpo, lo demás es superficial y genera complicaciones en demasía. Se le facilita plasmar estas ideas en Mr. Bones, cuyo instinto animal inmediatamente lo conduce a buscar comida, así como un lugar donde estar seguro. En esta búsqueda Mr. Bones se mantiene fiel a los consejos y principios que Willy le enseñó y ni siquiera los nuevos nombres que le dan sus siguientes dos dueños lo hacen cuestionar su identidad, aquella que Willy le donó.

Por medio de Willy G. Christmas, el autor presenta a Mr. Bones de una forma casi humana, al tratarlo como persona no cuestionaba el hecho de que el perro lo escuchaba y que los diversos sonidos que emitía eran respuestas; para él era un perro que sentía y que tenía alma. El nombre de Mr. Bones puede ser un reflejo de esto, no es nada más Bones, es Mister Bones, lo cual le otorga una cualidad humana. Al final de cuentas Paul Auster no lo percibe como un perro, resulta demasiado humano como para ser perro, pero es suficientemente perro como para no complicar sus relaciones y sus preguntas, como muchas veces lo hacemos nosotros.

Los seguidores de Paul Auster podrán preguntarse: ¿qué lo llevó a escribir una novela tan distinta? Antes de perder demasiado tiempo elaborando una respuesta hay que referirse a lo que el autor expresó en su reciente visita a México. Él explicó que no fue una decisión deliberada pues cada una de sus novelas ha surgido de una ne-cesidad; al escribir se libera de una idea que lo hace presa sin que él lo escoja así. El autor cuenta que al empezar a escribir Tombuctú se encontró a un perro vagabundo mientras caminaba con su hija y lo adoptaron, pero esto no quiere decir que sea un libro autobiográfico, aunque dentro de este libro, como en muchos de los anteriores, hay varias anécdotas que sí vivió en realidad.

Al igual que la leyenda que acompañó a viajeros en la antigüedad, Mr. Bones vive pensando en la felicidad que encontrará en Tombuctú. La diferencia es que los que viajaban a esta ciudad africana en la época de su esplendor iban en busca de la riqueza que la sal y el oro les darían, pero para Mr. Bones el tesoro de Tombuctú consiste en sentimiento puro, su felicidad será encontrarse con su compañero Willy. Tal vez Paul Auster eligió este nombre como una reflexión sobre la pérdida de sentido en los humanos que hoy están más preocupados por el dinero y olvidan la pureza y la intensidad del amor, tema que para él resulta esencial en el análisis de la sociedad contemporánea.

Tombuctú es una novela muy diferente en la producción de Paul Auster, pero al igual que en las anteriores la inteligencia y originalidad, así como las anécdotas y los juegos de palabras, forman parte de un relato muy fluido y agradable.


Fuente: Revista del Tiempo, Universidad Autónoma Metropolitana, México
Escrito por: Alexandra Délano
Becaria de El Colegio de México en el área de relaciones internacionales. Colabora en el suplemento cultural Sábado del periódico Unomásuno

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